Un polvo perezoso (III)

Cuando tuve suficiente de sus lametones y mi sexo se calmó, me giré quedando tumbada de espaldas a él. Noté un poco de desconcierto porque no soy yo la que suele dar indicaciones sobre nuestras posturas, pero el escritor reaccionó bien: expectante y atento a lo que venía a continuación. No sé si esperaba que le pidiera que me la metiera en esa postura, pero yo estaba en un estado de relax maravilloso aún con un toque de excitación. Como un “pre” que tiene ese toque justo que te va manteniendo. La diferencia es que en vez de ir subiendo de intensidad, le estaba dirigiendo para que me fuera bajando a la tierra.
– Bésame – Le ordené con calma -. Empieza por mi cuello y ves bajando.
Eso hizo, fue bajando por mis espalda y se entretuvo un rato en mi culo. Deseando estaba que profundizara! No pude evitar apretarle la cabeza contra mi carne y que se hundiera cuando sacó la lengua no sé con qué intenciones. Acabó con ella metida en mi ano, jugando a entrar y salir con pericia y yo que quería ir bajando el tema… vaya dos estamos hechos! Es la provocación contínua.
En medio del placer note que bajaba su cuerpo para seguir deslizándose por mis piernas y acabó chupándo

me los deditos de los pies. Puro delicia, me encanta.

Se levantó y se dirigió a la puerta de la habitación para abrir un poquito y dejar paso a la luz del mediodía que me cegó.
¿No podían ser las diez o algo así? Quería volver a repetir antes de irme.
No fue posible.
Hay obligaciones importantes como atender mi otra casa.

Gracias, amor. (IV)


By Sara Curiosa
Finalmente he optado por algo suave, un movimiento de cadera que acompañaba el momento hasta que otra vez me ha podido la excitación. He tenido que girarme para que admiraras mi espalda y mi trasero. Hacer esta variante del misionero me pone mala, en parte porque sé que te gusta la vista.  De nuevo ha subido la excitación y mi mente pervertida no se le ha ocurrido otra que meterse lo tuyo por detrás. Ha entrado bien como ya esperaba y ha sido placentero como también esperaba. No sé si te has corrido ni cuándo lo has hecho. He parado cuando he tenido suficiente y tu polla se ha salido sola de ahí dentro.
Estaba tan mojada, tan excitada que necesitaba acabar lo mío también y he cogido tu mano para que me dieras placer. Recostada con mi espalda encima de tu torso has empezado lo que finalmente ha acabado el hitachi.
En un principio me he negado porque me lo estabas haciendo tan bien…! Pero tu estabas cansado y yo cachonda, así que bienvenido sea el hitachi. Lo has manejado tu, con perversión. No parabas de subirle la intensidad y me has puesto enferma. Qué gusto! Hasta que ha habido un momento que se ha movido y me ha molestado enormemente la vibración. Orgasmo a la mierda! No pasa nada, he bajado la intensidad y he vuelto a colocar tu mano en el vibrador para que empezaras de nuevo. Quería que siguieras manejándolo tu.
El orgasmo no ha tardado en venir y no sé qué has hecho que un segundo orgasmo ha  venido después… me matas, amor. Con esa cara que pones, tus manos recorriéndome, tu boca atenta a mis pechos, tu atención a lo que haces. Es tremendo como me acompañas en ese momento que a priori puede parecer tan individual. Al fin y al cabo es masturbarse.
Cuando hemos acabado te has levantado al baño y no he podido evitar coger el hitachi de nuevo. Ese cachondo no se me iba de encima, dios. De nuevo me has acompañado en mi momento, esta vez me has pillado con el proceso iniciado, pero eso no te ha impedido estar ahí.
Finalmente lo he pagado porque iba acabar con la red eléctrica del barrio si seguía dándole, jaja.
Besos, besos y más besos.
– Gracias, amor – te he susurrado.
– Gracias, amor – has contestado.
Estaba tan plena, tan contenta. No seas malpensado que no es sólo por el sexo. Tu has estado fantástico a nivel emocional en todos los momentos de esta noche.
 – Puedo esperar a que te duermas y luego me voy? – te he preguntado cautelosamente.
Hoy me he sentido tan comprendida, querida y libre… que me he sentido con fuerzas para salir de tu casa aunque no quisiera. El peque estaba enfermo y no quería que se levantara en cualquier momento en mi casa y que yo no estuviera ahí.
Te he dejado durmiendo mientras te explicaba lo mucho que te amaba. Me he vestido, te he escrito una nota para que la leas mañana en cuanto te levantes y he salido a la calle sin apenas notar el frío de lo llena que iba de tu calor.
No esperaba nada y me lo has dado todo.
Ha sido perfecto.
Espero entiendas todo lo que te he explicado que me pasaba esta tarde y no le des más importancia de la necesaria. He tenido un momento bajo, lo he gestionado y ya pasó.
Me has ayudado, es un sueño para mi que haya pasado así después de las experiencias anteriores. Claro que esta vez no te he contado nada y no has podido sentirte dañado, pero estoy segura que hoy ha sido diferente pues cuando te explicaba finalmente lo que me pasaba, después de hacer el amor, no has comentado nada. He visto tu reacción y te he informado, pero has tenido la prudencia de callar y supongo que valorar que lo que me había pasado no era más que un momento.

Gracias, amor. (III)

By Sara Curiosa

Después de cenar y que arreglaras unos temas de trabajo, te has ido a duchar y yo me he quedado sentada en una mesita del comedor. Al poco has venido a buscarme, totalmente desnudo, cogiéndome de la mano para guiarme hasta la habitación. Me encanta cuando haces eso… podría verse como algo mucho más erótico de cómo yo lo siento: un acto de cariño.

Me has desnudado con una paciencia extraordinaria… primero las bambas… sabes que me encanta que me quites los zapatos… y después los tejanos. Esta vez has dejado mi ropa interior intacta, la cosa iba hoy con una calma y cuidado como he visto pocas veces en ti. No porque no seas así, sino porque siempre vamos a lo salvaje y somos unos ansiosos el uno del otro.
Una vez dentro de la cama me has besado y acariciado con la música aún de fondo, me he sentido refugiada debajo de tu nórdico, entre tus brazos. El calor que desprendías hoy era especial, ¿sabes?
– Estás guapa – me has dicho mientras me mirabas con ternura.
En un momento has bajado mis braguitas con cuidado y yo he aprovechado además para quitarme los calcetines, que me habías dejado a conciencia cuando me has quitado las bambas. Me hace mucha gracia que los dejes para que esté a gusto y yo me los acabe quitando por vergüenza. La mayoría de las veces no necesito llevarlos puestos, pero me parece tan cuqui que tengas ese detalle, jeje.
– ¿Sabes que últimamente busco porno con chicas que se parecen a ti? – me has confesado.
“Sí, ya me lo habías explicado y me hace mucha gracia”. Eso es lo que no te he contestado en ese momento y te has puesto a besar y lamer mi espalda con especial atención y cuidado. Hoy llevaba una camiseta que la dejaba al descubierto y te lo ha puesto muy fácil, imagino.
Después de varios cambios de postura, besos y más besos, caricias y risitas he empezado a excitarme. Me he sentido extraña, como liberada. Diferente a cómo estoy otras veces contigo y he dejado que mi mente siguiera ese camino y se perdiera en el placer que es que me toques.
Creo que tu punto de no retorno ha sido cuando has notado lo mojada que estaba. Lo romántico ha quedado un poco a parte y la cosa ha empezado a subir de tono. Ya me extrañaba a mi que no estuviéramos llegando a ese punto, jaja. Pero me has sorprendido al entrar con sumo cuidado y seguir con un vaivén tranquilo.
La contundencia ha ido en aumento aunque tu seguías con un ritmo calmado. Ha sido muy muy sexy, muy excitante y me ha hecho ser muy consciente de tu ser dentro de mi.
Y así hemos estado no sé cuánto rato hasta que yo ya estaba en un nivel que no era tranquilo. No podía esperar más y me he movido de debajo de ti para escurrirme y posicionarme encima. Estaba tan excitada y quería a la vez mostrarte tanto amor por estar sanando ese momento microondas, que no sabía muy bien cómo empezar.  Ni seguir.

Un polvo perezoso (II)

Cogí el Hitachi y sin dudarlo lo coloqué encima de mi sexo a una velocidad de vibración considerable. Estaba muy excitada y quería un orgasmo YA. Busqué aún con los ojos cerrados y en la absoluta oscuridad de la habitación su boca, girando la cabeza hacia mi derecha. La encontré y bebí su aliento excitado, cálido y entrecortado por su lengua que iba buscando la mia con placer. Adoro besarle.
Mi manos estaban ocupadas buscando el punto perfecto para llevarme al orgasmo y en el camino, el placer iba y venía. Su miembro entraba y salía intentando seguir mi ritmo y adecuándose a su propio placer. Dios, que tremendo todo.
Dejé de besarle, me volví egoísta y me dejé follar por todos. El orgasmo llegó rápido con poco aviso pues en estos polvos perezosos no es que esté yo muy comunicativa. Explotó en el centro de mi clítoris y sólo hacía que subir y subir. Me hice un ovillo y volví a deshacerlo para arquearme hacia atrás. Creo que él aún seguí dentro de mi intentando controlar lo suyo y lo mio. Ya os digo que me volví egoista, pero bueno, ya tendría su momento después.
El orgasmo no desapareció del todo, fue bajando suave como una pluma y mantuve el Hitachi encima de mi clítoris. Lejos de molestarme, me mantenía en ese estado cachondo y quise más.
Esta vez costó algo más y creo que en ese rato el escritor se corrió. Tan a gusto estábamos, tan dormidos, tan inconscientes y tan excitados que casi lo hace dentro. Salió a última hora y su corrida quedó esparcida en algún lugar entre mi culo y las sabanas. Yo seguía con lo mío y llegó el segundo orgasmo, delicioso como el primero mientras el escritor se mantenía detrás de mi acariciándome y acompañando ese momento con todo lo que quedaba de él. Notaba su respiración detrás de mi al igual que el calor de su cuerpo y la corrida pegajosa más abajo.
Apagué el Hitachi y lo deposité de nuevo en la mesilla.
Me giré completamente hasta quedar cara a cara y le besé para darle los buenos días y las gracias por ese polvo perezoso, como también por acompañar mis dos orgasmos. Los besos no paraban y lejos de ser un bonito postpolvo me estaban poniendo. Notaba la entrepierna mojada de mi flujo por los orgasmos y quise que lo probara, que nos lo comiéramos los dos. Bajé la mano y mojé dos dedos… le besé con pasión y los metí entre su boca y la mía. Se rompió el silencio que hasta ahora había acompañado nuestros suspiros y jadeos.
– Si quieres que te lo coma, me lo dices. No me andes con sutilezas – Jajajaja!! Qué simpático y descarado sonó.
– No pretendía ser sutil, tenía ganas de que fuera así… pero ya que lo dices… cómeme – Fue bajando lentamente hasta depositarse delante de mi sexo-. Suave, plano, de abajo arriba.
– ¿Cómo? Buenos días, por cierto.
– De abajo arriba, tal y como lo hacías ahora. Buenos días, jeje.
Quiero un postpolvo como si se tratara de un “pre”.
Al tratarme con esa picardía, sacó de mi peticiones que hasta la fecha no lo había hecho saber con palabras. No suelo dar indicaciones de voz cuando follo, prefiero la sutileza del tacto. Con el escritor se suma que me siento dominada por él y a su merced y eso me hace aún más sumisa. Eso no quiere decir que no le haga saber cuando algo no me gusta, pero es que hasta la fecha esto es como un cuento de hadas sexual.

Gracias, amor. (II)

By Sara Curiosa

Llueve… igual que en la peli del cine. Me pongo melancólica y abro en el móvil nuestra lista de canciones románticas para el viaje hasta tu casa: 30’. 

Además te mando un audio explicándote que me he dado cuenta de que necesitaba venir a verte:
– He sido muy sincera conmigo misma y me he dado cuenta de que tengo ganas de venir a verte.
Voy escuchando esa música porque me siento como hecha un ovillito, cuando me pasan estos momentos mi reacción es así de total vulnerabilidad.
Creo que hoy a diferencia del resto de días sólo quiero estar contigo, no quiero explicarte nada porque quiero acabar de gestionarlo porque me parece muy muy tonto, ¿vale?
 
– Pues te esperaré para recibirte y hacer lo que me apetece hacer contigo y si en algún momento quieres contarme algo estaré encantado de escucharlo, pero si no simplemente disfrutaré contigo.
Por el camino he chateado con Dafne comentándole de dónde venía mi momento.

Estoy en mi momento de gestión y sé que es una tontería lo que me está pasando. Mañana no quedaran ni mínimos restos de esto. No tengo ganas de contártelo porque me da miedo te lo tomes mal. Las últimas veces que he gestionado algo no es ayuda precisamente lo que he recibido de ti y como he aprendido que no debemos depender de los demás para gestionar nuestras historias, decido no contarte nada por el momento. Cuando ya lo tenga masticado y digerido será el momento pues sabré explicártelo de una manera mucho más fría.
Subo a tu casa, me has avisado que llegarás un poco más tarde. Enciendo la cadena de música y conecto el móvil para seguir escuchando la misma lista. Al poco rato oigo la puerta y  vienes a buscarme a la cocina donde había decidido hacer algo de cena. Son unos pocos segundos antes de que me encuentres, pero me paro a pensar qué actitud tomar y cómo puedes reaccionar tu ante distintas posibilidades. Decido mostrarme tranquila que es como estoy y humilde. La sonrisa en mi cara nunca falla y esta vez no es diferente, me alegro al ver que tu también llevas una puesta cuando te asomas por la puerta.
Hacía tiempo que no me dabas uno de esos abrazos tuyos… qué bien me ha sentado. No lo esperaba y ha sido genial. Seguidamente nos hemos puesto a preparar algo de comida y los besos se intercalaban en nuestras tareas. Recuerdo uno muy sentido cuando has ido a coger un tenedor del cajón que quedaba a mi lado. ¡Qué beso! Otra cosa que no esperaba esa noche. De verdad que hoy sólo con estar ahí contigo ya hacía.

Un polvo perezoso (I)


Ayer me fui a dormir muy dolorida. Estuvimos en el Uhomo y se me ocurrió la fascinante idea de que me hicieran un squirt. Ya os contaré eso en otro post…

El tema es que me fui a la cama sobre las 6am en casa del escritor, hecha un trapillo. Joder, qué escozor!
– Hacemos cucharita?- me dijo mientras me dejaba un hueco a su lado.
Qué tierno es cuando dice estas cosas… me desarma. Ayer no estaba de mucho hunor porque sólo que sentía eso ahí abajo y me cagué en todo porque no pude hacer el amor con él, pero me dormí con el calor de su cuerpo pegado a mi espalda. Perfecto (casi).
No sé qué hora sería cuando desperté sin abrir ni un ojo. Llevaba ya un rato moviendo mi trasero en dirección al paquete del escritor. No me había movido de mi posición en las pocas horas que había dormido y parecía que lo de ahí abajo estaba calmado.
Volví a removerme, esta vez ya bien pegada a él. El escritor reaccionó acercando su boca a mi oreja, besándome donde acertaba y tocándome con ese sueño aún pegado al cuerpo.
Me encantan estos polvos. Los llamo polvos perezosos y son perfectos, sinceros, nacidos de la profundidad del alma.
Me giré a darle un beso, ya tengo medio superado lo de que no le moleste mi aliento matutino (la verdad que yo no le noto nada a él) y guié sus manos por mi cuerpo hasta que decidió pararse en mi sexo. Mojado, como de costumbre… jaja. Desconozco si se percató, si le excitó o si actuaba por inercia. Me daba absolutamente igual pues ya estaba trabajando toda la zona y… ummmm, me estaba sentando de maravilla. Aún no sabía si el dolor de ayer noche estaba curado del todo y notar sus manos sin ninguna ansiedad por entrar dentro de mi, me relajó.
Me fue estimulando con pericia y yo cada vez estaba más animada, esperando el momento en que su miembro entrar dentro de mi.
Estábamos aún en posición de cucharita y sin nuestra ropa interior (últimamente dormimos así: preparados, jaja), sólo tuve que mover mi brazo hacia atrás y buscar algo erecto. Lo encontré por supuesto, y lo estimulé. Quería que sintiera lo mismo que él me hacía a mi.
Los recuerdos son difusos pues estaba medio dormida, no sé cómo acabó entrando dentro de mi al poco rato y sentí un leve pinchazo dentro de mi: “auch!” Aún tenía alguna secuela de ayer, parecía que no estaba curado del todo aunque seguí excitada y queriendo más.
Entro y salió multitud de veces, con toda esa lubricación era imposible parar. Fue delicado, pero firme. Unas pocas veces tomó algo más de velocidad y me supo a gloria, tanto que alargué la mano hacia la mesilla de noche situada delante de mi y cogí el Hitachi. Con el movimiento de mi cuerpo por alcanzar el vibrador, se salió fuera, pero no dude en meterme de nuevo su polla cuando volví a mi posición inicial. Parecía que ya no dolía nada, qué bien. Apreté mi musculatura interior del tremendo gusto que me dio volver a meterla dentro y noté como él también se excitó expandiéndose dentro de mi. Me encanta notar eso, ese “blub” que hacen las pollas dentro de ti cuando se ponen por alguna acción concreta. También me ha proporcionado algunas risas en algún postpolvo al usarlo como si de una comunicación morse se tratara. Tonterías que se hacen… ya sabéis!

Gracias, amor. (I)


 By Sara Curiosa
Habías quedado con una amiga. Llegada cierta hora de la tarde no sabía si aún seguías en el trabajo ni cómo habías quedado con ella si hasta las 8 tenías a tu niño. Te mando un whatsapp para ver en qué situación estás… me dices que trabajando aún, que no tienes al niño y que no sabes si vas a quedar con tu amiga.
Hace unas horas te decía que te echaba de menos y no he obtenido respuesta alguna, tampoco un “te quiero” o algo similar cuando me has anunciado que finalmente sí quedabas y que estabas de camino a su casa.
En ese momento no lo sabía, pero no estaba muy bien después de la conversación que tuvimos ayer durante la cena en el restaurante.
He llegado corriendo al cine, 10 minutos tarde después de dejar a mi peque en casa de los abuelos. Es la única manera que tenemos el santo y yo de ir al cine. Lo del santo viene por lo de mi santo marido, tengo un amigo que le llama así a su mujer y me hizo mucha gracia. Creo que es una gran manera de preservar su intimidad.
No sé por qué la película me ha deprimido… era futurista, basada en un cómic japonés. Creo que ha sido la estética de los suburbios, la humanidad tan denigrada, todo tan sucio, tan gris… ¿o era yo la que estaba gris?

Al salir te he comentado que estaba en un momento microondas, pero no por celos. Estaba gestionando varias cositas acumuladas contigo de este día. Me dices de quedar y que te cuente de qué va este momento microondas, pero no veo en qué momento podemos hacer eso pues yo he quedado con el filósofo después de dejar al peque en casa. Me he enfadado con el mundo, que digo yo. Nadie tiene la culpa pues la situación es la que es y vernos me parece que es complicado. Me remarcas que tienes ganas de verme y dormir conmigo para que te cuente qué me pasa y yo me molesto contestándote que me gustaría que quisieras dormir conmigo sin ese motivo, el de contarte algo. “Auch” es la respuesta que recibo para decirme amablemente que no he ido con mucho cuidado al darte esa respuesta. Lo siento, estoy de microondas, no puedo estar pendiente de esos detalles. 
Pongo el peque a dormir y después de darle vueltas desde que he salido del cine, soy consciente de que tengo muchísimas ganas de quedar contigo. Me viene a la cabeza una frase del filósofo: “haz lo que te siente bien en cada momento, tu vas primero”. Bien, pues en ese momento quería quedar contigo y no con otra persona. Me ha sabido mal por el filósofo (hasta tu me lo has dicho), pero no hubiera estado como tenía que estar con él. Hubiera estado como una fierecilla enjaulada, deseando que llegara la hora para salir corriendo a verte. Luego sería tarde y tu estarías durmiendo.
Le mando un whatsapp al filósofo comentándole que prefiero quedarme en casa porque no quiero que se sienta mal pensando que estoy desquedando con él para venir contigo. La realidad es que tengo ganas de verte y eso hubiera generado que no estuviera bien con él. Prefiero pasar la cita a otro día, la verdad. Se merece toda mi atención.

Ni siquiera le presté atención

By Paola

Mi primer día en el nuevo trabajo ni siquiera le presté atención, supongo que los nervios de empezar en un sitio nuevo sabiendo que iban a echar a la chica que me iba a enseñar no ayudaban… Así que bastante me costó retener que mis compañeros de turno de ese día en adelante se llamaban Laura y Sergio y que la chica que me iba a enseñar (y a la que iba a substituir) era María.

El plan era que durante un mes, aprendería con María y a partir de entonces ya me quedaría sola en la recepción. El trabajo era durísimo pero compensaba el buen rollo que había entre los compañeros. El mejor rato era cuando Laura plegaba de trabajar a las 20h y nos quedábamos María, Sergio y yo comentando cómo había ido el día y hablando de la vida en general. Sergio era el típico hombre casado, con un hijo pero con una mentalidad de adolescente con ganas de gamberrear fuera de casa. Se pasaba todo el día haciendo bromas. Por supuesto, la mayoría de ellas sexuales.

La verdad es que pese a que no era mi tipo, me di cuenta que tenía una mirada muy seductora. Le encantaba sentirse deseado por las demás, incluso en alguna ocasión le pillé flirteando con alguna paciente. Cabe decir que el pijama que usábamos (estilo enfermero) no le quedaba nada mal.
Cuando era hora de plegar María y yo nos íbamos al vestuario a cambiarnos y al acabar era Sergio quien se cambiaba.

Pasado el primer mes, echaron a María del trabajo y fui yo quien se quedó en su puesto así que esos ratos de charla y complicidad pasamos a hacerlos solo Sergio y yo. Él continuaba con sus bromas pesadas pero sabía que yo tenía pareja y yo siempre di por hecho que él no tenía relaciones fuera de su matrimonio.
La confianza fue aumentando hasta que un día decidí que no tenía sentido perder el tiempo cambiándonos de ropa por turnos cuando éramos dos adultos capaces de vernos en ropa interior y no sentir nada fuera de lo normal.

Y cuánto me equivocaba. Sergio era mucho más sexy sin ropa que con aquel pijama! Cada vez se palpaba más la tensión sexual pero ninguno era capaz de dar ningún paso.
Recuerdo un día en que él hablaba por teléfono y me hizo señas para que le diese un beso, yo, aproveché que él no podía hablar para darle un beso y marchar a mi puesto de trabajo. Él en respuesta me mandó un whatsapp con una foto de su mano que decía: no sabes lo que podría hacer con estos dedos…

Evidentemente, aquella tensión no se podía aguantar mucho tiempo. A partir de ese momento comenzaron los besos furtivos mientras Laura estaba ocupada y cuando ella marchaba a casa Sergio me daba masajes (tocando más de la cuenta siempre sobre la ropa interior) en las camillas del centro.
Sergio siempre bromeaba diciendo que algún día mientras nos cambiábamos me bajaría las bragas y de ahí ya no podría escapar. Y, evidentemente yo reía diciendo: Já, será si me dejo! Mientras deseaba profundamente que lo hiciera.

Hasta que un día vino su mujer a hacerse unas pruebas al centro. Yo no sabía dónde meterme y decidí que aquel juego tenía que terminar. Así que se lo dije y él respetó mi decisión pese a que siempre continuaron las bromas y caricias cada vez que nos cruzábamos.

Cinco meses después recibí una llamada, me contrabatan en el trabajo de mis sueños! Así que con muchísima pena comenté a mis compañeros que dejaba el trabajo pero, todavía me quedaban tres días más antes de empezar en el nuevo centro por lo que me quedaba a trabajar hasta entonces.
Y ahí fue cuando decidí que iba a por todas. Ésa noche le dije a Sergio que deberíamos aprovechar el tiempo que no tendríamos después y él estuvo deacuerdo pero el destino nos dio una sorpresa. La jefa decidió que durante los próximos días vendría a trabajar por las tardes a nuestro centro. Así que mis últimos días los pasamos en tensión casi sin poder ni hablar entre nosotros. Sergio me enviaba mensajes diciéndome: No te irás sin que te baje las bragas! Pero sabíamos que iba a ser imposible.
Mi último día de trabajo fue precioso. Mis compañeros me hicieron regalos y Laura y yo decidimos salir esa noche como despedida. Llegada la hora de salir, Sergio y yo fuimos hacia el vestuario a cambiarnos para salir y se quedó paralizado. Nunca supe si fue porque me iba, si no supo cómo reaccionar o no simplemente no se atrevía a dar el primer paso. Solo sé que decidí cerrar la puerta, cogerle del pelo hasta empotrarlo contra ella y… fuera de pronóstico le bajé los calzoncillos.
El resto queda en vuestra imaginación pero solo puedo decir que cuando llegué a la fiesta donde me esperaba Laura aun me temblaban las piernas.

Prefiero no dormir contigo

By ElDePapel

Abro los ojos, me desperezo, me levanto de la cama, salgo de la habitación y todo sigue igual que lo dejé ayer a las cinco de la tarde. Son las seis de la mañana y estoy plantado en el salón, en silencio, escuchando cómo éste retumba en toda mi casa y me percato que prefiero dormir sólo tres horas contigo que trece sin ti.
Aunque al día siguiente me caiga de sueño por los rincones, será mi cuerpo el que se lamentará pero mi alma lo consolará diciéndole que valió la pena.
Y es que ayer dijimos tú y yo que estábamos cansados, que necesitábamos dormir. Decidimos no vernos para aprovechar y descansar…

Mala decisión.

¿Qué insensatez hizo que se nos ocurriera pensar que necesitábamos más dormir que vernos?
Parece que se nos olvidó que nos tenemos ansiedad, follamos como si fuera siempre la última vez que podremos estar juntos: intensamente, profundamente. Nuestros cuerpos vibran sincronizados con asombrosa facilidad, nos acoplamos como si estuviéramos diseñados a propósito para ello.
Tu cuerpo me enciende como ningún otro es capaz de hacer. Me pone tu mirada, tu sonrisa, hasta tu enfado me provoca erecciones. Tus gemidos, tus jadeos, tus muecas de placer, tus movimientos, cómo me clavas las uñas haciéndome notar cómo te estoy llevando al límite entre el placer y el dolor con mis embestidas. Haces emerger mi animal, mi fuerza y mi brutalidad además de mi ternura, mi suavidad y mi calma. Sacas todo de mí porque soy completamente tuyo.

Ya te dije una vez a través de la distancia y el tiempo justamente eso:

“Soy tan tuyo…”

Y ni siquiera yo era aún del todo consciente de cuánto.