Ni siquiera le presté atención

By Paola

Mi primer día en el nuevo trabajo ni siquiera le presté atención, supongo que los nervios de empezar en un sitio nuevo sabiendo que iban a echar a la chica que me iba a enseñar no ayudaban… Así que bastante me costó retener que mis compañeros de turno de ese día en adelante se llamaban Laura y Sergio y que la chica que me iba a enseñar (y a la que iba a substituir) era María.

El plan era que durante un mes, aprendería con María y a partir de entonces ya me quedaría sola en la recepción. El trabajo era durísimo pero compensaba el buen rollo que había entre los compañeros. El mejor rato era cuando Laura plegaba de trabajar a las 20h y nos quedábamos María, Sergio y yo comentando cómo había ido el día y hablando de la vida en general. Sergio era el típico hombre casado, con un hijo pero con una mentalidad de adolescente con ganas de gamberrear fuera de casa. Se pasaba todo el día haciendo bromas. Por supuesto, la mayoría de ellas sexuales.

La verdad es que pese a que no era mi tipo, me di cuenta que tenía una mirada muy seductora. Le encantaba sentirse deseado por las demás, incluso en alguna ocasión le pillé flirteando con alguna paciente. Cabe decir que el pijama que usábamos (estilo enfermero) no le quedaba nada mal.
Cuando era hora de plegar María y yo nos íbamos al vestuario a cambiarnos y al acabar era Sergio quien se cambiaba.

Pasado el primer mes, echaron a María del trabajo y fui yo quien se quedó en su puesto así que esos ratos de charla y complicidad pasamos a hacerlos solo Sergio y yo. Él continuaba con sus bromas pesadas pero sabía que yo tenía pareja y yo siempre di por hecho que él no tenía relaciones fuera de su matrimonio.
La confianza fue aumentando hasta que un día decidí que no tenía sentido perder el tiempo cambiándonos de ropa por turnos cuando éramos dos adultos capaces de vernos en ropa interior y no sentir nada fuera de lo normal.

Y cuánto me equivocaba. Sergio era mucho más sexy sin ropa que con aquel pijama! Cada vez se palpaba más la tensión sexual pero ninguno era capaz de dar ningún paso.
Recuerdo un día en que él hablaba por teléfono y me hizo señas para que le diese un beso, yo, aproveché que él no podía hablar para darle un beso y marchar a mi puesto de trabajo. Él en respuesta me mandó un whatsapp con una foto de su mano que decía: no sabes lo que podría hacer con estos dedos…

Evidentemente, aquella tensión no se podía aguantar mucho tiempo. A partir de ese momento comenzaron los besos furtivos mientras Laura estaba ocupada y cuando ella marchaba a casa Sergio me daba masajes (tocando más de la cuenta siempre sobre la ropa interior) en las camillas del centro.
Sergio siempre bromeaba diciendo que algún día mientras nos cambiábamos me bajaría las bragas y de ahí ya no podría escapar. Y, evidentemente yo reía diciendo: Já, será si me dejo! Mientras deseaba profundamente que lo hiciera.

Hasta que un día vino su mujer a hacerse unas pruebas al centro. Yo no sabía dónde meterme y decidí que aquel juego tenía que terminar. Así que se lo dije y él respetó mi decisión pese a que siempre continuaron las bromas y caricias cada vez que nos cruzábamos.

Cinco meses después recibí una llamada, me contrabatan en el trabajo de mis sueños! Así que con muchísima pena comenté a mis compañeros que dejaba el trabajo pero, todavía me quedaban tres días más antes de empezar en el nuevo centro por lo que me quedaba a trabajar hasta entonces.
Y ahí fue cuando decidí que iba a por todas. Ésa noche le dije a Sergio que deberíamos aprovechar el tiempo que no tendríamos después y él estuvo deacuerdo pero el destino nos dio una sorpresa. La jefa decidió que durante los próximos días vendría a trabajar por las tardes a nuestro centro. Así que mis últimos días los pasamos en tensión casi sin poder ni hablar entre nosotros. Sergio me enviaba mensajes diciéndome: No te irás sin que te baje las bragas! Pero sabíamos que iba a ser imposible.
Mi último día de trabajo fue precioso. Mis compañeros me hicieron regalos y Laura y yo decidimos salir esa noche como despedida. Llegada la hora de salir, Sergio y yo fuimos hacia el vestuario a cambiarnos para salir y se quedó paralizado. Nunca supe si fue porque me iba, si no supo cómo reaccionar o no simplemente no se atrevía a dar el primer paso. Solo sé que decidí cerrar la puerta, cogerle del pelo hasta empotrarlo contra ella y… fuera de pronóstico le bajé los calzoncillos.
El resto queda en vuestra imaginación pero solo puedo decir que cuando llegué a la fiesta donde me esperaba Laura aun me temblaban las piernas.

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