Un polvo perezoso (I)


Ayer me fui a dormir muy dolorida. Estuvimos en el Uhomo y se me ocurrió la fascinante idea de que me hicieran un squirt. Ya os contaré eso en otro post…

El tema es que me fui a la cama sobre las 6am en casa del escritor, hecha un trapillo. Joder, qué escozor!
– Hacemos cucharita?- me dijo mientras me dejaba un hueco a su lado.
Qué tierno es cuando dice estas cosas… me desarma. Ayer no estaba de mucho hunor porque sólo que sentía eso ahí abajo y me cagué en todo porque no pude hacer el amor con él, pero me dormí con el calor de su cuerpo pegado a mi espalda. Perfecto (casi).
No sé qué hora sería cuando desperté sin abrir ni un ojo. Llevaba ya un rato moviendo mi trasero en dirección al paquete del escritor. No me había movido de mi posición en las pocas horas que había dormido y parecía que lo de ahí abajo estaba calmado.
Volví a removerme, esta vez ya bien pegada a él. El escritor reaccionó acercando su boca a mi oreja, besándome donde acertaba y tocándome con ese sueño aún pegado al cuerpo.
Me encantan estos polvos. Los llamo polvos perezosos y son perfectos, sinceros, nacidos de la profundidad del alma.
Me giré a darle un beso, ya tengo medio superado lo de que no le moleste mi aliento matutino (la verdad que yo no le noto nada a él) y guié sus manos por mi cuerpo hasta que decidió pararse en mi sexo. Mojado, como de costumbre… jaja. Desconozco si se percató, si le excitó o si actuaba por inercia. Me daba absolutamente igual pues ya estaba trabajando toda la zona y… ummmm, me estaba sentando de maravilla. Aún no sabía si el dolor de ayer noche estaba curado del todo y notar sus manos sin ninguna ansiedad por entrar dentro de mi, me relajó.
Me fue estimulando con pericia y yo cada vez estaba más animada, esperando el momento en que su miembro entrar dentro de mi.
Estábamos aún en posición de cucharita y sin nuestra ropa interior (últimamente dormimos así: preparados, jaja), sólo tuve que mover mi brazo hacia atrás y buscar algo erecto. Lo encontré por supuesto, y lo estimulé. Quería que sintiera lo mismo que él me hacía a mi.
Los recuerdos son difusos pues estaba medio dormida, no sé cómo acabó entrando dentro de mi al poco rato y sentí un leve pinchazo dentro de mi: “auch!” Aún tenía alguna secuela de ayer, parecía que no estaba curado del todo aunque seguí excitada y queriendo más.
Entro y salió multitud de veces, con toda esa lubricación era imposible parar. Fue delicado, pero firme. Unas pocas veces tomó algo más de velocidad y me supo a gloria, tanto que alargué la mano hacia la mesilla de noche situada delante de mi y cogí el Hitachi. Con el movimiento de mi cuerpo por alcanzar el vibrador, se salió fuera, pero no dude en meterme de nuevo su polla cuando volví a mi posición inicial. Parecía que ya no dolía nada, qué bien. Apreté mi musculatura interior del tremendo gusto que me dio volver a meterla dentro y noté como él también se excitó expandiéndose dentro de mi. Me encanta notar eso, ese “blub” que hacen las pollas dentro de ti cuando se ponen por alguna acción concreta. También me ha proporcionado algunas risas en algún postpolvo al usarlo como si de una comunicación morse se tratara. Tonterías que se hacen… ya sabéis!
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