Gracias, amor. (II)

By Sara Curiosa

Llueve… igual que en la peli del cine. Me pongo melancólica y abro en el móvil nuestra lista de canciones románticas para el viaje hasta tu casa: 30’. 

Además te mando un audio explicándote que me he dado cuenta de que necesitaba venir a verte:
– He sido muy sincera conmigo misma y me he dado cuenta de que tengo ganas de venir a verte.
Voy escuchando esa música porque me siento como hecha un ovillito, cuando me pasan estos momentos mi reacción es así de total vulnerabilidad.
Creo que hoy a diferencia del resto de días sólo quiero estar contigo, no quiero explicarte nada porque quiero acabar de gestionarlo porque me parece muy muy tonto, ¿vale?
 
– Pues te esperaré para recibirte y hacer lo que me apetece hacer contigo y si en algún momento quieres contarme algo estaré encantado de escucharlo, pero si no simplemente disfrutaré contigo.
Por el camino he chateado con Dafne comentándole de dónde venía mi momento.

Estoy en mi momento de gestión y sé que es una tontería lo que me está pasando. Mañana no quedaran ni mínimos restos de esto. No tengo ganas de contártelo porque me da miedo te lo tomes mal. Las últimas veces que he gestionado algo no es ayuda precisamente lo que he recibido de ti y como he aprendido que no debemos depender de los demás para gestionar nuestras historias, decido no contarte nada por el momento. Cuando ya lo tenga masticado y digerido será el momento pues sabré explicártelo de una manera mucho más fría.
Subo a tu casa, me has avisado que llegarás un poco más tarde. Enciendo la cadena de música y conecto el móvil para seguir escuchando la misma lista. Al poco rato oigo la puerta y  vienes a buscarme a la cocina donde había decidido hacer algo de cena. Son unos pocos segundos antes de que me encuentres, pero me paro a pensar qué actitud tomar y cómo puedes reaccionar tu ante distintas posibilidades. Decido mostrarme tranquila que es como estoy y humilde. La sonrisa en mi cara nunca falla y esta vez no es diferente, me alegro al ver que tu también llevas una puesta cuando te asomas por la puerta.
Hacía tiempo que no me dabas uno de esos abrazos tuyos… qué bien me ha sentado. No lo esperaba y ha sido genial. Seguidamente nos hemos puesto a preparar algo de comida y los besos se intercalaban en nuestras tareas. Recuerdo uno muy sentido cuando has ido a coger un tenedor del cajón que quedaba a mi lado. ¡Qué beso! Otra cosa que no esperaba esa noche. De verdad que hoy sólo con estar ahí contigo ya hacía.
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