La reina del castillo (II)

La reina entró por la puerta cuando nosotros aún ni siquiera nos habíamos movido de postura. Oí el sonido de la puerta de la entrada al cerrarse y unos pasos que se acercaban. Estaba súper expectante por ver cómo era, encima me iba a ver desnuda, yo a ella y vete a saber qué iba a pasar ahí. Ay dios mio!
Cruzó el umbral de la puerta tan normal y feliz. Con una sonrisa nos saludo (a todo esto yo seguí debajo del escritor a modo misionero) y empezó a desnudarse con total calma. Llevaba una ropa sencilla y con un aire hippy. Suelo analizar bastante estas cosas y eso me hizo verla como alguien cercana y cariñosa. Sencilla, madura y dulce.
El escritor se despegó de mi para recibirla en la cama, la besó y se tumbó con ella a mi lado. Esta vez eran ellos quienes adoptaron la postura del misionero. Yo me quedé tumbada en la otra parte de la cama de manera que la reina quedó tumbada justo a mi lado con el escritor encima.

– Mira que tetas tiene – dijo con lujuría el escritor.

Y empezó a comérselas con ansia, de vez en cuando las masajeaba y me miraba. Cuando dejé de mirarle y controlé un poquito mi cachondo mental de verle así, subí la mirada y me encontré justo con la de ella. Creo que me besó y empezó a tocarme con la mano que le quedaba más cercana a mi. Yo estaba tan alucinada que no pude mover ni un músculo más que el de mis ojos que miraban atentamente toda la escena. Él empezó a embestirla y la reina jadeó.
Qué fuerte me estaba pareciendo todo eso. En plan bien, eh? Tenía dos personas al lado follando sin pudor y con ganas de hacer no sabía el qué conmigo. Sí, así de inocente soy a veces, jaja.

Estaba yo con mis pensamientos cuando la reina se apartó del escritor y vino hacia mi. Uf! Se acercó por los pies de la cama, cogió el hitachi y lo puso en marcha. “Ay dios mio”, pensé. Eso era algo desconocido para mi, pero la reina lo tenía muy claro y lo manejó con destreza. El escritor nos observaba disfrutando la escena.
Cuando me sacó un orgasmo, volvió a por él y este la tumbó boca abajo para seguir embistiéndola. Les pregunté si no les importaba que mirara, no tenía ganas de participar. Quería mirar, me encantaba. Además me intimidaba un poco el echo de que ellos tuvieran experiencia en estas situaciones y no sabía muy bien qué hacer para acompañar el momento.
Cuando acabamos nos vestimos y tomamos algunas fotos. Hablamos de dónde ir a cenar y optamos por una pizzería que quedaba unos número más allá. El escritor se separó de nosotras una vez bajamos a la calle para seguir por otro camino.

Durante la cena todo estuvo genial. Charlamos animadamente sobre nuestras cosas como el trabajo, la familia y otros temas sin más importancia. Supongo que las dos éramos buenas conversadoras y estábamos a gusto ahí hablando. Hablamos poco del echo de que yo saliera con el escritor y una de las pocas cosas que me planteó a parte de qué tipo de relación buscaba con él (vaya preguntita…!), fue qué pasaría si coincidíamos las dos en horario para quedar con él. no tuve duda: pues sería ella la prioridad. Era la reina del castillo, lo tenía clarísimo.
Hubo un momento triste cuando me contó que se le había muerto recientemente uno de sus perros. Yo también tengo uno y empaticé totalmente con ese sentimiento. No pude reprimir el sentarne a su lado para consolarla cuando se me puso a llorar. Seguidamente me contó que se le estaban juntando varios temas y entre ellos estaba su relación con el escritor. Me estubo haciendo algunos comentarios sobre él y en ese momento me lo tomé como el típoco cotilleo de cualquier tía hablando de su pareja, pero no era así. Así mismo confesó que no estaban muy bien y que no tenía muy claro si irse a vivir con él aún y cuando estaban ya en plena mudanza. Qué descontrol, pensé. Pero bueno, era su relación y por supuesto yo no me iba a meter. Sólo que pude escucharla e intentar comprender su punto de vista de todo el asunto.
No me afectó las negatividades que decía de él pues siempre he sido uan persona que voy a la fuente original a buscar la información y el que me lo cuente otra persona es meramente un punto de vista para mi. Comprendo, empatizo, pero no tengo opinión.

– No me voy a vivir con él, lo estoy viendo claro. En cuanto pueda se lo digo – dijo cuando estábamos bastante avanzadas en la cena.

Me quedé sorprendida, pero tampoco sabía muy bien qué historias se llevaban así que sólo pude mostrarle tristeza por ellos.

Advertisements

La reina del castillo (I)

Hoy mi marido me ha preguntado por un club de mujeres al que una vez me invitaron a formar parte. Me hizo mucha ilusión porque quien lo organizaba era todo un referente para mi en el mundo poliamoroso.

– No puedo ir porque me han dicho que ella se incomoda con mi presencia y hay que cuidar su vulnerabilidad.
– ¿Pero no es un club de recogimiento para mujeres?… y echan a una?
– No sé, me ha sorprendido que no hayan sabido separar algo personal. Como fundadora creo que debería ser más neutra, pero es su decisión y no me voy a meter.

PASO.

Ese “ella se incomoda” es alguien con la que coincidí en un  breve periodo de mi vida, pero fue bastante intenso. Interactuamos poco, pero suficiente como para provocarle una rabia inmensa. Ella era la reina del castillo donde yo decidí entrar y aún y así se vió amenazada.
¿Mala gestión de su rey? ¿Inseguridad de ella? Juzguen ustedes mismos, esta es la historia de cómo concí al escritor. En realidad es la parte en la que conocí la que por entonces era su pareja.
Sabía de sobras que el escritor tenía y no una cualquiera: era una mujer liberal desde hacía muchísimo tiempo, apreciada (según tengo entendido) por el ambiente que frecuentaba, amada hasta la médula por el escritor, con un buen trabajo, buen corazón, guapa y un sinfín de buenos adjetivos hasta aburriros. Qué encantadora, verdad? Pues eso pensé yo. Como tembién pensé: vamos a conocerla.

El escritor me había comentado que la reina tenía algunas dudas/inseguridades con mi entrada en sus vidas. Como es normal en mi, lo primero que me vino fue el sentimiento de dar tranquilidad y agradarle. Le comenté al escritor que le parecía si nos íbamos de cena ella y yo juntas para conocernos y charlar. Que viera que yo era una persona normal y corriente y sin ningún ánimo de robarle al escritor. Somos poliamorosos, no? No debería haber esos problemas, pero son más habituales de lo que parecen. A mi no me cuesta nada ofrecer ayuda y me puse muy contenta cuando el escritor me dijo que la reina había aceptado cenar conmigo.

Un 17 de diciembre quedamos el escritor y yo para estar juntos. Él aún estaba nervioso en el terreno sexual conmigo, era tan tierno, jeje. Esto es algo de lo que ya hablaré en otro post porque el protagonismo de este post no es para nosotros.
Llevábamos creo que un par de horas juntos y se hizo casi la hora de cenar. El escritor estaba encima de mi, penetrándome. Creo recordar que sonó el móvil y el atendió el mensaje que llegaba.

– ¿Quieres que le diga que se venga con nosotros? – dijo en tono divertido. Estaba tanteándome.
– Emmmm… –  dudé.

Un trío??? En serio?!  Jamás había hecho uno en petit comité y jamás así de repente, con la pareja de alguien. Uf, demasiadas nuevas experiencias de repente y encima con alguien que me daba bastante respeto.

– Vale…

Mi curiosidad pudo más que nada y él me animó sólo con su actitud y su cara. Estaba claramente contento por la situación e imagino que le daría un morbazo increíble.

Para procesarlo me retiro

By ElDePapel

Se dará alguna situación que me disparará alguna alarma. Algo que habrás dicho o hecho, algo que habrás posteado, algún comentario que le habrás escrito a alguien, un juego teóricamente inocente, un atisbo de flirteo, un deseo que habré sentido en ti, algo que querrás hacer con alguien o a alguien… En ese momento será cuando mi parte más emocional se revolucionará, querrá gritar, estallar. Me asaltarán los miedos y aflorarán mis inseguridades arraigadas en mi más oscura profundidad que desencadenarán esos malditos celos que corroen que asfixian apretando aquí en el pecho y me pondrán en guardia. El dolor despertará mecanismos de defensa, aparecerá el rencor, la indignación y me sentiré ofendido y víctima de tu egoísmo.

Eso será así, eso será lo que pasará en mí. Lo sé porque me conozco y a lo largo de mis experiencias he tenido que desarrollar un mecanismo de contención para evitar consecuencias catastróficas. Intento evitar caer en la tentación de recriminarte tus acciones, tus deseos o lo que sea que hayas dicho porque sé que después, cuando lo haya procesado, cuando me dé cuenta de que el problema es mío porque ha nacido en mí, de mí y por mí, me arrepentiré de mis reproches. Porque este sentimiento no es fruto de ti sino de mí y este fruto ha nacido podrido.

Para evitar sucumbir a esas emociones arrasando con todo, me retiraré. A lo sumo te comunicaré que estoy en un “momento microondas”* para que entiendas por qué, durante un tiempo, me verás ensimismado, seguramente más serio, menos hablador o divertido de lo habitual. Te lo haré saber para que no te extrañe si de repente te pido que me recuerdes que me amas; o te pido que me refuerces alguna de mis fortalezas para contrarrestar alguna de mis inseguridades; o te pido cuidados para ayudarme en este proceso arduo y doloroso pero necesario. Pero por encima de todo, nunca te lo contaré para que modifiques tu comportamiento, dejes de hacer algo o me ocultes algo que creas que me haría daño. Sólo te pediré que me acompañes, que estés ahí. No te pediré explicaciones ni justificación alguna, sólo amor.

No será hasta que haga el “ting”*, cuando el adulto razonable haya convencido al niño asustado de que no tiene nada que temer y que no hay monstruos debajo de la cama, que te contaré mi gran proeza con orgullo. Puede que te dé más o menos detalles. Quizá omitiré algo por vergüenza de confesar la tontería que me dio miedo; o quizá te lo contaré todo para que veas lo mucho que significas para mí, tanto como para que tiemble todo mi mundo cuando asoma el miedo a perderte, a no ser suficiente para ti o perder tu admiración. Sé que no debería ser, pero siento que tú me das significado y si dejaras de apreciarme, desaparecería.
Por eso, para procesarlo, me retiro. Pero no me alejo, cojo carrerilla para saltar y caer más cerca de ti.

Mi momento microondas

By ElDePapel

Parto de la premisa que ella no es mía y, por lo tanto, no es algo que pueda ni deba controlar. Hace tiempo que aprendí que mi jaula de oro tendría que mantener siempre la puertecita abierta para que, si este bello pájaro se queda dentro, sea porque así lo desea no porque lo mantenga encerrado. Cuando la conocí la conocí libre y esta libertad es uno de sus rasgos fundamentales y por ellos es por lo que me enamoré de ella. Prefiero perderla libre que poseerla encadenada, porque la amo y eso no sería amar.
Soy humano, imperfecto, con mis inseguridades y fui programado durante 34 años en el dogma de la monogamia que implica que seré substituido por todo aquel que despierte en mi pareja sentimientos y deseos románticos o sexuales. Mucho tiempo perdido y mucho por desaprender en tan poco tiempo, pero somos seres racionales, ¿no? Apelemos a la razón y cultivemos nuestra inteligencia emocional.

Hacía un par de semanas que sabía que esta noche se iba a cenar con él y con otros amigos/as liberales con los cuales después de cenar irían al club Totem, uno de los locales swinger de Barcelona y al que habíamos hablado de que fuera conmigo por primera vez… pero aún no había podido ser. Tuve que superar el primer resquemor al frustrarse mi “complejo de colón” (es cómo llamo yo a esa necesidad de “estrenar” algo o a alguien), se me pasó por la cabeza el aparecer en el club con alguna otra chica, porque como chico solo no me ha gustado nunca ir, incluso pensé proponerme para echar una mano como camarero y así justificar que yo estuviera ahí. Ideas ridículas que, por suerte se quedaron sólo en eso, pensamientos delirantes dentro de mí.
En estos momentos es cuando empiezo mi conversación conmigo mismo. Bueno, en lugar de una conversación es una especie de monólogo. Me recito mi sermón aprendido tal como se lo diría a mi mejor amigo si se encontrara en esta situación, pero con una ventaja, y es que yo nunca me discuto nada. Aquí empieza mi momento microondas, sí, microondas porque cuando mi cabeza empieza a dar vueltas y a procesarlo todo es como si dentro de mi cabeza se oyera el ruidito del microondas:

Piensa, empieza por ahí, ¿qué crees que significa lo que está pasando? Recuerda que no eres el centro de todo su mundo y, por lo tanto, su motivación para estar esta noche ahí con él no es hacerte daño. Entonces… ¿Cuál crees que es su motivación? Te has planteado que simplemente disfruta de él, de lo que le ofrece, le hace sentirse deseada, se lo pasa bien, se divierte… él le despierta emociones, la hace vibrar… la hace feliz. ¿Y no es eso maravilloso? Cuando tantas veces le has dicho que la amas, que quieres hacerla feliz, que si pudieras le regalarías todas las experiencias y sensaciones del mundo; siempre hablas en condicional, pues sabes que no podrás dárselo todo siempre por mucho que lo desees y, por lo tanto, privarla de ello por tu limitación… ¿no te parece tremendamente egoísta?
¿Crees que él es tu competidor, tu substituto? ¿Realmente temes que no vaya a volver y se vaya a perder con él para siempre? Le gustas, te quiere y por ello, nadie puede alejarla de ti, obligarla a renunciar a ti; nadie más que tú mismo. Tanto él como tú tenéis el mismo objetivo: cuidarla, amarla y hacerla feliz; ¿eso no te recuerda más a un compañero de equipo que un rival? Sí, sé que todo esto parece demasiado utópico, ¿pero la idea del amor no lo es en sí misma?

Tengo la suerte que yo también he estado en la situación de ella y tengo que confesar que ayuda para ponerse en su piel. Recuerdo cuando disfruto de la compañía de otras personas con las que puedo compartir afecto, risas y sexo sin que ello me haga olvidar a quien amo con locura. Por mucha pasión, cariño y experiencias que pueda yo vivir con ellas, soy muy consciente que ella no debería temer perderme porque me tiene, porque me di a ella y me sigo dando sin censuras. Mi cuerpo, mi mente, mi deseo y mi alma anhelan ser suyos. Entonces… ¿Por qué no va a sentir ella lo mismo? ¿Por qué yo sí que debería perderla? No hay ninguna razón por la que ella quisiera renunciar a mí, pues yo tampoco querría renunciar a ella.
Aquí llega el “ting”, el sonido que avisa que el microondas ha terminado y que el proceso ha llegado al final. “Me ama y mientras sea así, no debo temer perderla.” Mi alma se calma y acompaña a mi cuerpo cansado que la esperaba para irse a dormir. Le mando un “Buenas noches, pásatelo genial. Te amo.” y me meto en la cama orgulloso de mí mismo. He conseguido superar los celos, soy emocionalmente un poco más inteligente, un poco más poderoso y un poco más feliz.

Momento microondas part.4

Yo sólo que quiero gritar contra el cojín del ejercicio mental que estoy haciendo y luego desternillarme de la risa para soltar el estrés. Es mi miedo a perderle el que toma el control de mis emociones. Jamás me había pasado esto con nadie… él, el escritor diría como ya ha hecho en multitud de ocasiones, que lo que me pasa es que nunca he tenido una pareja poliamorosa.  Tiene razón, nunca he tenido que lidiar con que un amor mío tuviera que estar con otra.
A nivel sexual me da bien igual, es cuando hay emoción que me empieza a tocar la pera. Es pequeño y pasa desapercibido y se muestra como unos celos, pero es miedo. Sé que el escritor no va a dejarme, es más miedo a que baje el nivel conmigo. Me encanta que esté así de amoroso conmigo, no confío en que si viene otra persona a su vida pueda añadir y no quitarme a mi. Esto sólo el tiempo lo dirá y no debo estresarme por ello. Por el momento tanto Dafne como él me han dicho por activa y por pasiva que lo suyo es sexo y aprecio mutuo, pero yo veo amor.
Sé que hay muchos niveles de amor, tampoco puedo pretender (dios me libre) ponerle techo o forma a ese amor que tienen. Que piense esto no quita que no tenga que gestionar estos momentos y pasar el dichoso rato microondas. Que no sé si ya habéis entendido por dónde va lo del microondas… yo hice “ding” cuando Dafne vino a verme al día siguiente con toda su bondad y alegría. Estos microondas me cuestan, pero cada día lo hago mejor.
En la visita que me hizo Dafne se le escapó que había dormido ahí y que habían follado de otra manera. Lo primero me dió igual, lo segundo me lo enterré para preguntarle al escritor cuando lo viera.

Yo decido, mi experiencia depende de mi y de que me sienta X cuando Y haga Z.
Es muy fácil decirlo, filósofo! Ahora me toca aplicarlo y voy a por ello.

Love,

Sara Curiosa.

Momento microondas part.3

Intenté analizar ese sentimiento. Me quemaba y se apoderaba de mi y no me estaba gustando nada de nada. Es Dafne, tu amiguísima. Tu parejita sin sexo (que ya no es sin sexo, pero ya os hablaré de eso en otro post), tu amiga del alma, tu cuqui, tu chiqui, tu gordi, tu…. vais pillando el grado de amor que tengo hacia ella, no?
Sé que no debería haber ningún tipo de rabia hacia ella y cuando lo analicé vi que no la había. Menos mal! Si tuviera que gestionar eso, me da un ataque. Aún y así seguí con ira y después con dolor. Por causa de ese dolor mostraba mosqueo y estaba irascible hablando tanto con el escritor como con Dafne.
Recurrí al filósofo, él sabría cómo reconducir todo esto, me haría pensar y llegar al origen de ese pensamiento (sabe cómo darme caña). Me pasé horas hablando con él del asunto, lo bueno es que llevábamos hablando desde el mediodía cuando estaba en ese estado de corazones rosas y le expliqué la noche apasionada con el escritor así como la romántica mañana. En medio de esa conversación, Dafne me llamó preocupada por mi estado y me dio paz, pero no la suficiente. Al escritor le dije al poco rato que me jodía que quedaran justo después de estar nosotros juntos. Me comentó que si quería establecer como norma que no quedara con nadie después de estar conmigo, pero no me pareció justo y lo vi una niñería.

Era mi momento microondas, nada me consolaba. Les dije a los dos que no quería ninguna comunicación entre mis buenas noches y mis buenos días. No quería saber cuánto rato habían estado, si se había quedado Dafne a dormir en casa del escritor o si había salido de madrugada. No quería saber nada ni afrontar los sentimientos que podría provocarme.
El filósofo y yo estuvimos hablando hasta tarde y ya metida en la cama seguía dale que te dale al whatsapp…
“no puedes compartir el amor más puro sin necesitar extenderlo/atarlo/controlarlo/mantenerlo/conservarlo…etc? No puedes aceptar su cualidad de efímero?”
A lo que le contesté: “Yo cuando quiero a alguien, lo quiero. No es algo del momento”.
El amor no es una emoción, es un estado interno.
Vale filósofo, vale. Capito. Que yo le quiero y es un estado mio y que lo descubro a través de él. Vale. Que da igual que quede con Dafne o con Manola, eso sigue ahí porque yo lo siento así, pero que quería casarse conmigo en Nueva Zelanda!! Y el pobre filósofo diciéndome que en ese momento el escritor lo sintió así y era verdad, y esa verdad sigue ahí quede con Dafne o con Manola (y que él también se casaría conmigo en Nueva Zelanda, jaja).
Que no piense en futuros azucarados porque eso me quita la libertad de ser quien tenga que ser, la versión que yo quiera de mi.  Que si encaja estupendo.

Respira
Respira
Respira

…me dice.

Momento microondas part.2

Después nos levantamos a desayunar y tuvimos un momento triste en la ducha cuando hablamos de un tratamiento que tuvo que seguir su madre en el pasado, a causa de su enfermedad. Sentí tantas ganas de quitarle esa tristeza que no pude hacer más que abrazarle, dejar que mi pelo se mojara contra mi voluntad y abrazar su recuerdo atormentado.
Al salir de ahí estuvimos bromeando y volvió la alegría escuchando una canción que era BSO de Vaiana, la peli de Disney. Me dijo que le hacía pensar en positivo y hasta dónde podía llegar en la vida, muy esperanzador. La canción era bonita, la hizo bonita y ya me la quiero guardar en Spotify sólo por ese momento.
Nos fuimos a vestir para salir a la calle, él llegaba tarde al trabajo como siempre que nos despertamos juntos, busqué mi ropa desparramada por la habitación y me encontré con mi colgante en su mano: “no te lo dejes”. Yo estaba sentada en el borde de la cama en ese momento y se arrodilló delante de mi pasándomelo a continuación por la cabeza. Me miró a los ojos y me dijo: “quién sabe hasta dónde llegaremos?” Uf, qué tremenda esa mirada, qué tremenda la frase, qué tremendo este escritor cuando se emociona.
Me perdí en ese momento y lo siguiente que escuché fue que le gustaría viajar a Nueva Zelanda y le dije que yo también, que de pasada iría a Tahití. Él me dijo que podríamos casarnos en la playa… Cómo, qué?!?! Ojiplática me quedé, aunque no se me notó ni una pizca. Más bien debí poner cara de boba… qué mono, qué  bonito.

Bonito por qué? Bodas? Bodas = a monogamia.
Bodas = a monogamia? Puede uno casarse y tener una relación abierta? Casarse es como un símbolo de que perteneces a otra persona… tengo que reflexionar esto en otro post. No dejo de ser una mujer casada.

Nos separamos para continuar con nuestro día y por la tarde me llegó un mensaje: “te importa si quedo con Dafne esta noche?”. No tardé ni medio segundo en contestar: No.
Tampoco tardé ni medio segundo en sentir ira.
Por qué?