Prefiero no dormir contigo

By ElDePapel

Abro los ojos, me desperezo, me levanto de la cama, salgo de la habitación y todo sigue igual que lo dejé ayer a las cinco de la tarde. Son las seis de la mañana y estoy plantado en el salón, en silencio, escuchando cómo éste retumba en toda mi casa y me percato que prefiero dormir sólo tres horas contigo que trece sin ti.
Aunque al día siguiente me caiga de sueño por los rincones, será mi cuerpo el que se lamentará pero mi alma lo consolará diciéndole que valió la pena.
Y es que ayer dijimos tú y yo que estábamos cansados, que necesitábamos dormir. Decidimos no vernos para aprovechar y descansar…

Mala decisión.

¿Qué insensatez hizo que se nos ocurriera pensar que necesitábamos más dormir que vernos?
Parece que se nos olvidó que nos tenemos ansiedad, follamos como si fuera siempre la última vez que podremos estar juntos: intensamente, profundamente. Nuestros cuerpos vibran sincronizados con asombrosa facilidad, nos acoplamos como si estuviéramos diseñados a propósito para ello.
Tu cuerpo me enciende como ningún otro es capaz de hacer. Me pone tu mirada, tu sonrisa, hasta tu enfado me provoca erecciones. Tus gemidos, tus jadeos, tus muecas de placer, tus movimientos, cómo me clavas las uñas haciéndome notar cómo te estoy llevando al límite entre el placer y el dolor con mis embestidas. Haces emerger mi animal, mi fuerza y mi brutalidad además de mi ternura, mi suavidad y mi calma. Sacas todo de mí porque soy completamente tuyo.

Ya te dije una vez a través de la distancia y el tiempo justamente eso:

“Soy tan tuyo…”

Y ni siquiera yo era aún del todo consciente de cuánto.

Para procesarlo me retiro

By ElDePapel

Se dará alguna situación que me disparará alguna alarma. Algo que habrás dicho o hecho, algo que habrás posteado, algún comentario que le habrás escrito a alguien, un juego teóricamente inocente, un atisbo de flirteo, un deseo que habré sentido en ti, algo que querrás hacer con alguien o a alguien… En ese momento será cuando mi parte más emocional se revolucionará, querrá gritar, estallar. Me asaltarán los miedos y aflorarán mis inseguridades arraigadas en mi más oscura profundidad que desencadenarán esos malditos celos que corroen que asfixian apretando aquí en el pecho y me pondrán en guardia. El dolor despertará mecanismos de defensa, aparecerá el rencor, la indignación y me sentiré ofendido y víctima de tu egoísmo.

Eso será así, eso será lo que pasará en mí. Lo sé porque me conozco y a lo largo de mis experiencias he tenido que desarrollar un mecanismo de contención para evitar consecuencias catastróficas. Intento evitar caer en la tentación de recriminarte tus acciones, tus deseos o lo que sea que hayas dicho porque sé que después, cuando lo haya procesado, cuando me dé cuenta de que el problema es mío porque ha nacido en mí, de mí y por mí, me arrepentiré de mis reproches. Porque este sentimiento no es fruto de ti sino de mí y este fruto ha nacido podrido.

Para evitar sucumbir a esas emociones arrasando con todo, me retiraré. A lo sumo te comunicaré que estoy en un “momento microondas”* para que entiendas por qué, durante un tiempo, me verás ensimismado, seguramente más serio, menos hablador o divertido de lo habitual. Te lo haré saber para que no te extrañe si de repente te pido que me recuerdes que me amas; o te pido que me refuerces alguna de mis fortalezas para contrarrestar alguna de mis inseguridades; o te pido cuidados para ayudarme en este proceso arduo y doloroso pero necesario. Pero por encima de todo, nunca te lo contaré para que modifiques tu comportamiento, dejes de hacer algo o me ocultes algo que creas que me haría daño. Sólo te pediré que me acompañes, que estés ahí. No te pediré explicaciones ni justificación alguna, sólo amor.

No será hasta que haga el “ting”*, cuando el adulto razonable haya convencido al niño asustado de que no tiene nada que temer y que no hay monstruos debajo de la cama, que te contaré mi gran proeza con orgullo. Puede que te dé más o menos detalles. Quizá omitiré algo por vergüenza de confesar la tontería que me dio miedo; o quizá te lo contaré todo para que veas lo mucho que significas para mí, tanto como para que tiemble todo mi mundo cuando asoma el miedo a perderte, a no ser suficiente para ti o perder tu admiración. Sé que no debería ser, pero siento que tú me das significado y si dejaras de apreciarme, desaparecería.
Por eso, para procesarlo, me retiro. Pero no me alejo, cojo carrerilla para saltar y caer más cerca de ti.

Mi momento microondas

By ElDePapel

Parto de la premisa que ella no es mía y, por lo tanto, no es algo que pueda ni deba controlar. Hace tiempo que aprendí que mi jaula de oro tendría que mantener siempre la puertecita abierta para que, si este bello pájaro se queda dentro, sea porque así lo desea no porque lo mantenga encerrado. Cuando la conocí la conocí libre y esta libertad es uno de sus rasgos fundamentales y por ellos es por lo que me enamoré de ella. Prefiero perderla libre que poseerla encadenada, porque la amo y eso no sería amar.
Soy humano, imperfecto, con mis inseguridades y fui programado durante 34 años en el dogma de la monogamia que implica que seré substituido por todo aquel que despierte en mi pareja sentimientos y deseos románticos o sexuales. Mucho tiempo perdido y mucho por desaprender en tan poco tiempo, pero somos seres racionales, ¿no? Apelemos a la razón y cultivemos nuestra inteligencia emocional.

Hacía un par de semanas que sabía que esta noche se iba a cenar con él y con otros amigos/as liberales con los cuales después de cenar irían al club Totem, uno de los locales swinger de Barcelona y al que habíamos hablado de que fuera conmigo por primera vez… pero aún no había podido ser. Tuve que superar el primer resquemor al frustrarse mi “complejo de colón” (es cómo llamo yo a esa necesidad de “estrenar” algo o a alguien), se me pasó por la cabeza el aparecer en el club con alguna otra chica, porque como chico solo no me ha gustado nunca ir, incluso pensé proponerme para echar una mano como camarero y así justificar que yo estuviera ahí. Ideas ridículas que, por suerte se quedaron sólo en eso, pensamientos delirantes dentro de mí.
En estos momentos es cuando empiezo mi conversación conmigo mismo. Bueno, en lugar de una conversación es una especie de monólogo. Me recito mi sermón aprendido tal como se lo diría a mi mejor amigo si se encontrara en esta situación, pero con una ventaja, y es que yo nunca me discuto nada. Aquí empieza mi momento microondas, sí, microondas porque cuando mi cabeza empieza a dar vueltas y a procesarlo todo es como si dentro de mi cabeza se oyera el ruidito del microondas:

Piensa, empieza por ahí, ¿qué crees que significa lo que está pasando? Recuerda que no eres el centro de todo su mundo y, por lo tanto, su motivación para estar esta noche ahí con él no es hacerte daño. Entonces… ¿Cuál crees que es su motivación? Te has planteado que simplemente disfruta de él, de lo que le ofrece, le hace sentirse deseada, se lo pasa bien, se divierte… él le despierta emociones, la hace vibrar… la hace feliz. ¿Y no es eso maravilloso? Cuando tantas veces le has dicho que la amas, que quieres hacerla feliz, que si pudieras le regalarías todas las experiencias y sensaciones del mundo; siempre hablas en condicional, pues sabes que no podrás dárselo todo siempre por mucho que lo desees y, por lo tanto, privarla de ello por tu limitación… ¿no te parece tremendamente egoísta?
¿Crees que él es tu competidor, tu substituto? ¿Realmente temes que no vaya a volver y se vaya a perder con él para siempre? Le gustas, te quiere y por ello, nadie puede alejarla de ti, obligarla a renunciar a ti; nadie más que tú mismo. Tanto él como tú tenéis el mismo objetivo: cuidarla, amarla y hacerla feliz; ¿eso no te recuerda más a un compañero de equipo que un rival? Sí, sé que todo esto parece demasiado utópico, ¿pero la idea del amor no lo es en sí misma?

Tengo la suerte que yo también he estado en la situación de ella y tengo que confesar que ayuda para ponerse en su piel. Recuerdo cuando disfruto de la compañía de otras personas con las que puedo compartir afecto, risas y sexo sin que ello me haga olvidar a quien amo con locura. Por mucha pasión, cariño y experiencias que pueda yo vivir con ellas, soy muy consciente que ella no debería temer perderme porque me tiene, porque me di a ella y me sigo dando sin censuras. Mi cuerpo, mi mente, mi deseo y mi alma anhelan ser suyos. Entonces… ¿Por qué no va a sentir ella lo mismo? ¿Por qué yo sí que debería perderla? No hay ninguna razón por la que ella quisiera renunciar a mí, pues yo tampoco querría renunciar a ella.
Aquí llega el “ting”, el sonido que avisa que el microondas ha terminado y que el proceso ha llegado al final. “Me ama y mientras sea así, no debo temer perderla.” Mi alma se calma y acompaña a mi cuerpo cansado que la esperaba para irse a dormir. Le mando un “Buenas noches, pásatelo genial. Te amo.” y me meto en la cama orgulloso de mí mismo. He conseguido superar los celos, soy emocionalmente un poco más inteligente, un poco más poderoso y un poco más feliz.

Nuestros sexos dormidos

By ElDePapel

¿Sabes cuándo te encuentras entre el mundo de los sueños y a lo que llamamos “realidad”? ¿En ese limbo en que eres esencia de ti mismo, no mientes, se esfuman la razón, las convenciones sociales e incluso tu propia moral ha desaparecido? Tu mente está en una especie de trance, divagando entre el inconsciente, los deseos y sucumbiendo a la voluntad de tu cuerpo. Pues en ese momento fue cuando me encontré con su piel y su calor.

Mi cuerpo reacciona instantáneamente desde el primer contacto, inspiro profunda aunque lentamente para recuperar el oxígeno reducido por el estado de latencia en que me encuentro. Percibo, entonces, su olor que me activa aún más el deseo de mi cuerpo sin alterar mi estado mental semi-ausente en el que mi consciencia simplemente se deja llevar por mi parte más primitiva, sin razón y esencialmente emocional.

La habitación está completamente a oscuras por lo que es inútil abrir los ojos pero mi cuerpo necesita percibir mi objeto de deseo de alguna manera. Privado de la vista, se agudizan mis otros sentidos, la mido con mis manos, la leo con las yemas de los dedos, la reconozco con el olfato y la acaricio con la lengua, mordiéndola con mis labios porque mi boca la quiere ingerir… la ansío dentro de mí. Y la cubro, nunca mejor dicho, por completo. Mi piel hipersensibilizada como jamás ha estado antes se extiende sobre la suya. Soy capaz de percibir cada centímetro de su cuerpo, cada pliegue, la falta de ropa, ni siquiera las braguitas que nunca se quita para dormir, hoy no las lleva. De alguna manera, ella sabía que hoy las braguitas le iban a entorpecer.
La única parte de mi cuerpo que parece totalmente desvelada busca entre las esquinas de su cuerpo ese sitio en el que anhela estar, como buscando ser arropada por un cuerpo cálido en una noche fría. Irónico porque precisamente no es frío lo que mi cuerpo está sintiendo ahora mismo, de hecho, termino despojándome del nórdico que nos cubre y que ahora nos sobra.

Sin llegar a abrir los ojos, me medio incorporo aguantando mi peso sobre mis puños y una vez equilibrado, la giro con mi brazo derecho para que me ofrezca su bellísima espalda en todo su esplendor coronada con esa nuca que me vuelve loco de ganas de morder.
Desde atrás entro dentro de ella, despacio pero firme, con una facilidad asombrosa porque está completamente mojada y su cuerpo se arquea como una contorsionista que ansía tenerme dentro… y yo la complazco pues sus deseos son órdenes para mí… sobre todo si son exactamente  los mismos que los míos.

No sé cuántas eternidades estuve entrando y saliendo de ella, creciéndole dentro en cada embestida, mordiéndole la espalda, agarrándola del pelo, sosteniéndola del cuello y terminar durmiéndonos sin alejarnos, sin salir de ella hasta que el despertador nos recordaba que este mundo no entiende que sólo somos esencialmente libres en nuestros sexos dormidos.

Nosotras ya sabíamos cómo iba a acabar la noche

By ElDePapel

“Que yo esté pachucha no implica que tú tengas que quedarte encerrado en casa, con uno que pringue ya es suficiente, sal y pásatelo bien.” Todo a empezado, bueno, mejor dicho todo empezó ayer con esta frase que me dijo mi pareja y por lo que decidí finalmente ir a la cena a la que me había invitado una desconocida con la que tenía contacto por Facebook. Me apetecía conocerla o mejor dicho conocerlas porque también habría una amiga suya con la que también había estado escribiéndome alguna vez.
Así que me presenté en el restaurante en que habían quedado para acoplarme a un grupo de gente que no conocía de nada y cenar con ellos. Ahí las conocí, a Sara y a Dafne, charlamos, cenamos… se me da bien socializar pero no dejo de sentirme un poco raro sobretodo porque al no conocer a nadie previamente no sé muy bien de qué hablar. Pero lo pasé bien, conocí gente interesante y me sentí cómodo.
Después de los postres cambiamos de ubicación para tomar “los cafés” en un bar a pocos metros del restaurante y así cambiar un poco de ambiente. Cambió el tono de las conversaciones y se empezó a definir un plan para esa noche. Se dijo de ir a tomar una copa a algún sitio y propuse Uhomo. Me sorprendió lo fácil que se aceptó la propuesta y de hecho, ahí terminamos después de repartirnos entre los diferentes coches de que disponíamos.
Las noches de los jueves no son tan moviditas en Uhomo como las de un sábado, por ejemplo, pero había bastante gente y, al fin y al cabo, nuestra intención era ir a tomar algo, bailar y además conocer un sitio nuevo, así matábamos dos pájaros de un tiro.
Ahí bailamos, mucho, bailé un poco con Dafne algo de salsa y algo de bachata, siempre juego esa carta, pero no vi mucha intención de que pasara nada conmigo por su parte, todo lo contrario de Sara que estuvo jugando con el acercamiento y las indirectas prácticamente desde la cena. Pero me pareció que era su forma de ser, de jugar de estar. Bueno, pues no siempre acierto, me equivoqué, me equivoqué bastante y me equivoqué con ambas pero de eso me di cuenta luego cuando las vi a través de un cristal cómo me hacían señales para que fuera a la pecera, la sala de camas en la que se encontraban y desde la que se ve toda la pista de baile. Anda que tardé en cruzarme la pista, entrando en la zona de camas y encontrándomelas a medio camino en un pasadizo oscuro y extremadamente estrecho al que hay que pasar para acceder a la pecera.
Ahí, en esa situación se me despejaron todas las dudas, ambas me tenían ganas y me habían estado buscando desde que entramos en el club.
No me lo podía creer:

“Date cuenta de lo que está pasando. Tienes a estas dos chicas que se te están comiendo con los ojos con esas sonrisas pícaras, entre nerviosas y excitadas a escasos centímetros de ti. No tengo que alargar mucho los brazos para llegar a sus cinturas, con la mano derecha Sara y con la izquierda Dafne. Ellas aceptan mi contacto y se arquean un poco para acercar sus caderas hacia mí facilitándome el acceso a sus espaldas con mis manos.”

Se me aceleró todo, incluso la respiración lo que provocó que se me notara la excitación y eso a ellas les gustó, ya me tenían dónde y cómo me querían tener. Les confesé que estaba sorprendido, que no me imaginaba que quisieran nada conmigo, sobretodo Dafne a la que había notado poner un poco de distancia en algún momento. – “¿Ah sí? Pues nosotras ya sabíamos cómo iba a terminar la noche desde que estábamos en el restaurante.” – Ahí ya se me escapó una risa nerviosa y me puse a cien.
Nos hicimos nuestra una de las “habitaciones”, la pequeña que hay justo al entrar en la zona de camas, al lado de la jaula. Entre los nervios de lo inesperado, cansancio por el bailoteo previo dándolo todo, no sabía por dónde empezar. Sí, a veces no tengo la situación completamente controlada.

– “Antes de empezar queremos comentarte algo. Somos muy amigas pero tenemos el acuerdo de que no interactuaremos entre nosotras. Las dos vamos a jugar contigo y tú puedes jugar con las dos pero entre nosotras nada.”

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Eso era una situación nueva para mí, todos los tríos que había hecho hasta el momento con dos mujeres, ellas eran bisexuales y jugaban entre ellas. Siempre he dicho que los mejores tríos son aquellos que haces con dos mujeres bisexuales y si una de ellas es tu pareja ya es de escándalo. Desengañémonos, por muy potente que seas, como hombre, por mucho que te esmeres, nunca podrás satisfacer a dos mujeres al 100% y menos a la vez… Me encontraba entonces con una situación nueva y con una sensación de presión por intentar complacerlas a las dos a la vez yo sólo. Como contrapunto tenía el ego subiéndome por momentos porque tenía a las dos deseándome a mí y sólo a mí en ese momento. ¡Venga! Por si no tenía suficiente presión, nervios, agotamiento.
Aclaradas las normas de juego, nos dispusimos a empezarlo, suavemente con besos. Entre beso y beso íbamos sacando alguna prenda de ropa. En condiciones normales, en un club me falta tiempo para desnudarme, pero es que teóricamente no tenía que pasar nada, estábamos ahí sólo para tomar algo y nos estábamos desnudando para tomarnos unos a otros. Hasta Sara me confesó que no llevaba las braguitas de follar porque esa no era la idea de cómo trascurriría la noche en el momento de salir de casa. Primero la parte de arriba, Dafne llevaba un chaleco igual que yo, eso fue lo primero en volar quedándome yo con el torso al aire y ellas protegidas aún por su ropa interior, me tomé una pausa de sacarles la ropa para centrarme en Dafne, la que estaba más nerviosa, si cabe, de los tres… por lo menos más que yo porque me da la sensación que Sara no tenía ni un atisbo de estar nerviosa. Me dediqué a besar a Dafne mientras sentía a Sara a mi espalda, acariciándome y besándome el cuello. Tan obsesionado estaba en intentar templar los nervios de Dafne a base de caricias y besos que no me percaté de lo que hacía Sara puesto que ya no notaba el contacto de su cuerpo. Cuando volvió, giré la cabeza para saborear otra vez los labios de Sara, mis labios aún tenían el calor de los besos de Dafne. Así que por un momento sentí besarlas a las dos al mismo tiempo.
Mi mano izquierda buscó la pierna de Sara mientras la derecha se encargaba de mantener el pecho de Dafne bien pegado al mío apresándola para evitar que su boca se me escapara. Se dice que los hombres no somos capaces de hacer dos cosas a la vez, es por eso que dejé que mis manos fueran por libre explorando cada una uno de los cuerpos que más deseables se me antojaban en ese momento.
Uno de los primeros de tantos escalofríos que me provocarían fue cuando mi mano izquierda, recorriendo la pierna hacia arriba de Sara, llegó a su entrepierna haciéndome descubrir que estaba completamente desnuda. Sorpresa completamente agradable, pero… ¿cómo podía ser que ya estuviera completamente desnuda mientras que yo aún llevaba los pantalones puestos y, ni siquiera el cinturón desabrochado?
Mi preocupación por no haber sido el primero en desnudarme esta vez de esfumó de repente y volví a la situación, había notado lo abundantemente mojada que estaba Sara, sentí mis dedos completamente empapados. No pude evitar traerme con prisas los dedos a la boca, necesitaba saborearla, ingerir parte de ella… deliciosa.
Necesité deshacerme de tanta ropa, necesitaba liberar mi cuerpo para ofrecérselo para que me devoraran o hicieran conmigo lo que les placiera.
Se me hizo extraño, incluso sentí que no sabía cómo podía estar por ellas dos a la vez, estoy acostumbrado a centrarme en alguien y que la tercera persona me ayude a estimularla, como compañeros con un mismo objetivo, regalar placer. Pero esta vez fue diferente, cuando me centraba en una de ellas, la otra pasaba a ser espectadora de nuestra intimidad. La verdad es que con lo exhibicionista que soy, tener público que además veía lo que seguidamente pretendía hacerle a ella… me suponía un reto morboso.
Dafne no se quitó la ropa interior, necesitaba mantener ese límite y se lo respeté, y eso hizo que su cuerpo aún fuera más prohibido, sólo podía sentir su cuerpo a través del tejido lo que me hacía agudizar mi sentido del tacto. Mordía la copa de su sujetador para que sintiera mis ansias en su pecho, presionaba sus braguitas para que sintiera el calor de mi cuerpo en su sexo, traspasé virtualmente su ropa, su barrera para llegarle lo más profundo dentro de ella con mi esencia, con mi deseo para encontrar el suyo.
En todo momento sentía la mirada de Sara que nos observaba disfrutando de nuestros cuerpos bailando en horizontal a escasos centímetros del suyo. De vez en cuando, alguna de mis manos la buscaba para cerciorarse de que seguía ahí… y la encontraba.
Luego Sara fue quien acaparó mi atención, repasé su cuerpo con prisas, parecía que quisiera memorizarlo antes de que desapareciera. Ya había probado el sabor de su sexo y no me había saciado aún el hambre de él así que no tuve más remedio que situarme entre sus piernas, quería alimentarme de ella, no era un deseo, era una necesidad vital.
Dafne no pudo evitar regalarme caricias y besos en la espalda mientras yo me centraba en provocar un orgasmo a su amiga con mi lengua y mis dedos. No sé quién de los dos se lo agradecerá más pues yo sentía el placer de sus regalos pero intensificaban mi voracidad que saciaba con Sara.
El tiempo se nos pasó volando, lo que tenía una cena y copa de esas medio de compromiso que con total seguridad te permitirá estar de vuelta en casa poco después de medianoche, se había prolongado hasta más allá de las cuatro de la madrugada.
Cuando salimos de ese especie de estado de embriaguez y nos dimos cuenta de la hora que era, bajamos a la tierra y, sensatos como queríamos parecer, decidimos retirarnos. En la cola del guardarropa, se sucedían miradas y sonrisas, de vergüenza por sabernos desconocidos que habían compartido momentos intensos, apasionados y cargados de intimidad. Salimos a la calle y buscábamos excusas para no separarnos, para que la noche no terminara ahí. No podíamos simplemente irnos cada uno por su lado así que apuramos hasta que el sol ha salido impertinente recordándonos que, quisiéramos o no, la noche había terminado.
Ahora me siento en mi cama, muerto de sueño, agotado y con la mujer de mi vida durmiendo a mi lado. Ella aún no lo sabe pero siento profundo agradecimiento y amor por el regalo que me ha hecho esta noche.

– “Buenas noches amor mío, me lo he pasado muy bien y me muero de ganas por contártelo todo. Te quiero.”

Me tumbo a su lado, la abrazo y me duermo en su pelo.
Aún me dan escalofríos cada vez que recuerdo sus miradas, sus sonrisas, sus caricias y sus besos… como ahora mismo, por ejemplo, uno me recorre la espalda y tiemblo.