La reina del castillo (II)

La reina entró por la puerta cuando nosotros aún ni siquiera nos habíamos movido de postura. Oí el sonido de la puerta de la entrada al cerrarse y unos pasos que se acercaban. Estaba súper expectante por ver cómo era, encima me iba a ver desnuda, yo a ella y vete a saber qué iba a pasar ahí. Ay dios mio!
Cruzó el umbral de la puerta tan normal y feliz. Con una sonrisa nos saludo (a todo esto yo seguí debajo del escritor a modo misionero) y empezó a desnudarse con total calma. Llevaba una ropa sencilla y con un aire hippy. Suelo analizar bastante estas cosas y eso me hizo verla como alguien cercana y cariñosa. Sencilla, madura y dulce.
El escritor se despegó de mi para recibirla en la cama, la besó y se tumbó con ella a mi lado. Esta vez eran ellos quienes adoptaron la postura del misionero. Yo me quedé tumbada en la otra parte de la cama de manera que la reina quedó tumbada justo a mi lado con el escritor encima.

– Mira que tetas tiene – dijo con lujuría el escritor.

Y empezó a comérselas con ansia, de vez en cuando las masajeaba y me miraba. Cuando dejé de mirarle y controlé un poquito mi cachondo mental de verle así, subí la mirada y me encontré justo con la de ella. Creo que me besó y empezó a tocarme con la mano que le quedaba más cercana a mi. Yo estaba tan alucinada que no pude mover ni un músculo más que el de mis ojos que miraban atentamente toda la escena. Él empezó a embestirla y la reina jadeó.
Qué fuerte me estaba pareciendo todo eso. En plan bien, eh? Tenía dos personas al lado follando sin pudor y con ganas de hacer no sabía el qué conmigo. Sí, así de inocente soy a veces, jaja.

Estaba yo con mis pensamientos cuando la reina se apartó del escritor y vino hacia mi. Uf! Se acercó por los pies de la cama, cogió el hitachi y lo puso en marcha. “Ay dios mio”, pensé. Eso era algo desconocido para mi, pero la reina lo tenía muy claro y lo manejó con destreza. El escritor nos observaba disfrutando la escena.
Cuando me sacó un orgasmo, volvió a por él y este la tumbó boca abajo para seguir embistiéndola. Les pregunté si no les importaba que mirara, no tenía ganas de participar. Quería mirar, me encantaba. Además me intimidaba un poco el echo de que ellos tuvieran experiencia en estas situaciones y no sabía muy bien qué hacer para acompañar el momento.
Cuando acabamos nos vestimos y tomamos algunas fotos. Hablamos de dónde ir a cenar y optamos por una pizzería que quedaba unos número más allá. El escritor se separó de nosotras una vez bajamos a la calle para seguir por otro camino.

Durante la cena todo estuvo genial. Charlamos animadamente sobre nuestras cosas como el trabajo, la familia y otros temas sin más importancia. Supongo que las dos éramos buenas conversadoras y estábamos a gusto ahí hablando. Hablamos poco del echo de que yo saliera con el escritor y una de las pocas cosas que me planteó a parte de qué tipo de relación buscaba con él (vaya preguntita…!), fue qué pasaría si coincidíamos las dos en horario para quedar con él. no tuve duda: pues sería ella la prioridad. Era la reina del castillo, lo tenía clarísimo.
Hubo un momento triste cuando me contó que se le había muerto recientemente uno de sus perros. Yo también tengo uno y empaticé totalmente con ese sentimiento. No pude reprimir el sentarne a su lado para consolarla cuando se me puso a llorar. Seguidamente me contó que se le estaban juntando varios temas y entre ellos estaba su relación con el escritor. Me estubo haciendo algunos comentarios sobre él y en ese momento me lo tomé como el típoco cotilleo de cualquier tía hablando de su pareja, pero no era así. Así mismo confesó que no estaban muy bien y que no tenía muy claro si irse a vivir con él aún y cuando estaban ya en plena mudanza. Qué descontrol, pensé. Pero bueno, era su relación y por supuesto yo no me iba a meter. Sólo que pude escucharla e intentar comprender su punto de vista de todo el asunto.
No me afectó las negatividades que decía de él pues siempre he sido uan persona que voy a la fuente original a buscar la información y el que me lo cuente otra persona es meramente un punto de vista para mi. Comprendo, empatizo, pero no tengo opinión.

– No me voy a vivir con él, lo estoy viendo claro. En cuanto pueda se lo digo – dijo cuando estábamos bastante avanzadas en la cena.

Me quedé sorprendida, pero tampoco sabía muy bien qué historias se llevaban así que sólo pude mostrarle tristeza por ellos.

La reina del castillo (I)

Hoy mi marido me ha preguntado por un club de mujeres al que una vez me invitaron a formar parte. Me hizo mucha ilusión porque quien lo organizaba era todo un referente para mi en el mundo poliamoroso.

– No puedo ir porque me han dicho que ella se incomoda con mi presencia y hay que cuidar su vulnerabilidad.
– ¿Pero no es un club de recogimiento para mujeres?… y echan a una?
– No sé, me ha sorprendido que no hayan sabido separar algo personal. Como fundadora creo que debería ser más neutra, pero es su decisión y no me voy a meter.

PASO.

Ese “ella se incomoda” es alguien con la que coincidí en un  breve periodo de mi vida, pero fue bastante intenso. Interactuamos poco, pero suficiente como para provocarle una rabia inmensa. Ella era la reina del castillo donde yo decidí entrar y aún y así se vió amenazada.
¿Mala gestión de su rey? ¿Inseguridad de ella? Juzguen ustedes mismos, esta es la historia de cómo concí al escritor. En realidad es la parte en la que conocí la que por entonces era su pareja.
Sabía de sobras que el escritor tenía y no una cualquiera: era una mujer liberal desde hacía muchísimo tiempo, apreciada (según tengo entendido) por el ambiente que frecuentaba, amada hasta la médula por el escritor, con un buen trabajo, buen corazón, guapa y un sinfín de buenos adjetivos hasta aburriros. Qué encantadora, verdad? Pues eso pensé yo. Como tembién pensé: vamos a conocerla.

El escritor me había comentado que la reina tenía algunas dudas/inseguridades con mi entrada en sus vidas. Como es normal en mi, lo primero que me vino fue el sentimiento de dar tranquilidad y agradarle. Le comenté al escritor que le parecía si nos íbamos de cena ella y yo juntas para conocernos y charlar. Que viera que yo era una persona normal y corriente y sin ningún ánimo de robarle al escritor. Somos poliamorosos, no? No debería haber esos problemas, pero son más habituales de lo que parecen. A mi no me cuesta nada ofrecer ayuda y me puse muy contenta cuando el escritor me dijo que la reina había aceptado cenar conmigo.

Un 17 de diciembre quedamos el escritor y yo para estar juntos. Él aún estaba nervioso en el terreno sexual conmigo, era tan tierno, jeje. Esto es algo de lo que ya hablaré en otro post porque el protagonismo de este post no es para nosotros.
Llevábamos creo que un par de horas juntos y se hizo casi la hora de cenar. El escritor estaba encima de mi, penetrándome. Creo recordar que sonó el móvil y el atendió el mensaje que llegaba.

– ¿Quieres que le diga que se venga con nosotros? – dijo en tono divertido. Estaba tanteándome.
– Emmmm… –  dudé.

Un trío??? En serio?!  Jamás había hecho uno en petit comité y jamás así de repente, con la pareja de alguien. Uf, demasiadas nuevas experiencias de repente y encima con alguien que me daba bastante respeto.

– Vale…

Mi curiosidad pudo más que nada y él me animó sólo con su actitud y su cara. Estaba claramente contento por la situación e imagino que le daría un morbazo increíble.

Un polvo perezoso (III)

Cuando tuve suficiente de sus lametones y mi sexo se calmó, me giré quedando tumbada de espaldas a él. Noté un poco de desconcierto porque no soy yo la que suele dar indicaciones sobre nuestras posturas, pero el escritor reaccionó bien: expectante y atento a lo que venía a continuación. No sé si esperaba que le pidiera que me la metiera en esa postura, pero yo estaba en un estado de relax maravilloso aún con un toque de excitación. Como un “pre” que tiene ese toque justo que te va manteniendo. La diferencia es que en vez de ir subiendo de intensidad, le estaba dirigiendo para que me fuera bajando a la tierra.
– Bésame – Le ordené con calma -. Empieza por mi cuello y ves bajando.
Eso hizo, fue bajando por mis espalda y se entretuvo un rato en mi culo. Deseando estaba que profundizara! No pude evitar apretarle la cabeza contra mi carne y que se hundiera cuando sacó la lengua no sé con qué intenciones. Acabó con ella metida en mi ano, jugando a entrar y salir con pericia y yo que quería ir bajando el tema… vaya dos estamos hechos! Es la provocación contínua.
En medio del placer note que bajaba su cuerpo para seguir deslizándose por mis piernas y acabó chupándo

me los deditos de los pies. Puro delicia, me encanta.

Se levantó y se dirigió a la puerta de la habitación para abrir un poquito y dejar paso a la luz del mediodía que me cegó.
¿No podían ser las diez o algo así? Quería volver a repetir antes de irme.
No fue posible.
Hay obligaciones importantes como atender mi otra casa.

Un polvo perezoso (II)

Cogí el Hitachi y sin dudarlo lo coloqué encima de mi sexo a una velocidad de vibración considerable. Estaba muy excitada y quería un orgasmo YA. Busqué aún con los ojos cerrados y en la absoluta oscuridad de la habitación su boca, girando la cabeza hacia mi derecha. La encontré y bebí su aliento excitado, cálido y entrecortado por su lengua que iba buscando la mia con placer. Adoro besarle.
Mi manos estaban ocupadas buscando el punto perfecto para llevarme al orgasmo y en el camino, el placer iba y venía. Su miembro entraba y salía intentando seguir mi ritmo y adecuándose a su propio placer. Dios, que tremendo todo.
Dejé de besarle, me volví egoísta y me dejé follar por todos. El orgasmo llegó rápido con poco aviso pues en estos polvos perezosos no es que esté yo muy comunicativa. Explotó en el centro de mi clítoris y sólo hacía que subir y subir. Me hice un ovillo y volví a deshacerlo para arquearme hacia atrás. Creo que él aún seguí dentro de mi intentando controlar lo suyo y lo mio. Ya os digo que me volví egoista, pero bueno, ya tendría su momento después.
El orgasmo no desapareció del todo, fue bajando suave como una pluma y mantuve el Hitachi encima de mi clítoris. Lejos de molestarme, me mantenía en ese estado cachondo y quise más.
Esta vez costó algo más y creo que en ese rato el escritor se corrió. Tan a gusto estábamos, tan dormidos, tan inconscientes y tan excitados que casi lo hace dentro. Salió a última hora y su corrida quedó esparcida en algún lugar entre mi culo y las sabanas. Yo seguía con lo mío y llegó el segundo orgasmo, delicioso como el primero mientras el escritor se mantenía detrás de mi acariciándome y acompañando ese momento con todo lo que quedaba de él. Notaba su respiración detrás de mi al igual que el calor de su cuerpo y la corrida pegajosa más abajo.
Apagué el Hitachi y lo deposité de nuevo en la mesilla.
Me giré completamente hasta quedar cara a cara y le besé para darle los buenos días y las gracias por ese polvo perezoso, como también por acompañar mis dos orgasmos. Los besos no paraban y lejos de ser un bonito postpolvo me estaban poniendo. Notaba la entrepierna mojada de mi flujo por los orgasmos y quise que lo probara, que nos lo comiéramos los dos. Bajé la mano y mojé dos dedos… le besé con pasión y los metí entre su boca y la mía. Se rompió el silencio que hasta ahora había acompañado nuestros suspiros y jadeos.
– Si quieres que te lo coma, me lo dices. No me andes con sutilezas – Jajajaja!! Qué simpático y descarado sonó.
– No pretendía ser sutil, tenía ganas de que fuera así… pero ya que lo dices… cómeme – Fue bajando lentamente hasta depositarse delante de mi sexo-. Suave, plano, de abajo arriba.
– ¿Cómo? Buenos días, por cierto.
– De abajo arriba, tal y como lo hacías ahora. Buenos días, jeje.
Quiero un postpolvo como si se tratara de un “pre”.
Al tratarme con esa picardía, sacó de mi peticiones que hasta la fecha no lo había hecho saber con palabras. No suelo dar indicaciones de voz cuando follo, prefiero la sutileza del tacto. Con el escritor se suma que me siento dominada por él y a su merced y eso me hace aún más sumisa. Eso no quiere decir que no le haga saber cuando algo no me gusta, pero es que hasta la fecha esto es como un cuento de hadas sexual.

Un polvo perezoso (I)


Ayer me fui a dormir muy dolorida. Estuvimos en el Uhomo y se me ocurrió la fascinante idea de que me hicieran un squirt. Ya os contaré eso en otro post…

El tema es que me fui a la cama sobre las 6am en casa del escritor, hecha un trapillo. Joder, qué escozor!
– Hacemos cucharita?- me dijo mientras me dejaba un hueco a su lado.
Qué tierno es cuando dice estas cosas… me desarma. Ayer no estaba de mucho hunor porque sólo que sentía eso ahí abajo y me cagué en todo porque no pude hacer el amor con él, pero me dormí con el calor de su cuerpo pegado a mi espalda. Perfecto (casi).
No sé qué hora sería cuando desperté sin abrir ni un ojo. Llevaba ya un rato moviendo mi trasero en dirección al paquete del escritor. No me había movido de mi posición en las pocas horas que había dormido y parecía que lo de ahí abajo estaba calmado.
Volví a removerme, esta vez ya bien pegada a él. El escritor reaccionó acercando su boca a mi oreja, besándome donde acertaba y tocándome con ese sueño aún pegado al cuerpo.
Me encantan estos polvos. Los llamo polvos perezosos y son perfectos, sinceros, nacidos de la profundidad del alma.
Me giré a darle un beso, ya tengo medio superado lo de que no le moleste mi aliento matutino (la verdad que yo no le noto nada a él) y guié sus manos por mi cuerpo hasta que decidió pararse en mi sexo. Mojado, como de costumbre… jaja. Desconozco si se percató, si le excitó o si actuaba por inercia. Me daba absolutamente igual pues ya estaba trabajando toda la zona y… ummmm, me estaba sentando de maravilla. Aún no sabía si el dolor de ayer noche estaba curado del todo y notar sus manos sin ninguna ansiedad por entrar dentro de mi, me relajó.
Me fue estimulando con pericia y yo cada vez estaba más animada, esperando el momento en que su miembro entrar dentro de mi.
Estábamos aún en posición de cucharita y sin nuestra ropa interior (últimamente dormimos así: preparados, jaja), sólo tuve que mover mi brazo hacia atrás y buscar algo erecto. Lo encontré por supuesto, y lo estimulé. Quería que sintiera lo mismo que él me hacía a mi.
Los recuerdos son difusos pues estaba medio dormida, no sé cómo acabó entrando dentro de mi al poco rato y sentí un leve pinchazo dentro de mi: “auch!” Aún tenía alguna secuela de ayer, parecía que no estaba curado del todo aunque seguí excitada y queriendo más.
Entro y salió multitud de veces, con toda esa lubricación era imposible parar. Fue delicado, pero firme. Unas pocas veces tomó algo más de velocidad y me supo a gloria, tanto que alargué la mano hacia la mesilla de noche situada delante de mi y cogí el Hitachi. Con el movimiento de mi cuerpo por alcanzar el vibrador, se salió fuera, pero no dude en meterme de nuevo su polla cuando volví a mi posición inicial. Parecía que ya no dolía nada, qué bien. Apreté mi musculatura interior del tremendo gusto que me dio volver a meterla dentro y noté como él también se excitó expandiéndose dentro de mi. Me encanta notar eso, ese “blub” que hacen las pollas dentro de ti cuando se ponen por alguna acción concreta. También me ha proporcionado algunas risas en algún postpolvo al usarlo como si de una comunicación morse se tratara. Tonterías que se hacen… ya sabéis!

Gracias, amor. (I)


 By Sara Curiosa
Habías quedado con una amiga. Llegada cierta hora de la tarde no sabía si aún seguías en el trabajo ni cómo habías quedado con ella si hasta las 8 tenías a tu niño. Te mando un whatsapp para ver en qué situación estás… me dices que trabajando aún, que no tienes al niño y que no sabes si vas a quedar con tu amiga.
Hace unas horas te decía que te echaba de menos y no he obtenido respuesta alguna, tampoco un “te quiero” o algo similar cuando me has anunciado que finalmente sí quedabas y que estabas de camino a su casa.
En ese momento no lo sabía, pero no estaba muy bien después de la conversación que tuvimos ayer durante la cena en el restaurante.
He llegado corriendo al cine, 10 minutos tarde después de dejar a mi peque en casa de los abuelos. Es la única manera que tenemos el santo y yo de ir al cine. Lo del santo viene por lo de mi santo marido, tengo un amigo que le llama así a su mujer y me hizo mucha gracia. Creo que es una gran manera de preservar su intimidad.
No sé por qué la película me ha deprimido… era futurista, basada en un cómic japonés. Creo que ha sido la estética de los suburbios, la humanidad tan denigrada, todo tan sucio, tan gris… ¿o era yo la que estaba gris?

Al salir te he comentado que estaba en un momento microondas, pero no por celos. Estaba gestionando varias cositas acumuladas contigo de este día. Me dices de quedar y que te cuente de qué va este momento microondas, pero no veo en qué momento podemos hacer eso pues yo he quedado con el filósofo después de dejar al peque en casa. Me he enfadado con el mundo, que digo yo. Nadie tiene la culpa pues la situación es la que es y vernos me parece que es complicado. Me remarcas que tienes ganas de verme y dormir conmigo para que te cuente qué me pasa y yo me molesto contestándote que me gustaría que quisieras dormir conmigo sin ese motivo, el de contarte algo. “Auch” es la respuesta que recibo para decirme amablemente que no he ido con mucho cuidado al darte esa respuesta. Lo siento, estoy de microondas, no puedo estar pendiente de esos detalles. 
Pongo el peque a dormir y después de darle vueltas desde que he salido del cine, soy consciente de que tengo muchísimas ganas de quedar contigo. Me viene a la cabeza una frase del filósofo: “haz lo que te siente bien en cada momento, tu vas primero”. Bien, pues en ese momento quería quedar contigo y no con otra persona. Me ha sabido mal por el filósofo (hasta tu me lo has dicho), pero no hubiera estado como tenía que estar con él. Hubiera estado como una fierecilla enjaulada, deseando que llegara la hora para salir corriendo a verte. Luego sería tarde y tu estarías durmiendo.
Le mando un whatsapp al filósofo comentándole que prefiero quedarme en casa porque no quiero que se sienta mal pensando que estoy desquedando con él para venir contigo. La realidad es que tengo ganas de verte y eso hubiera generado que no estuviera bien con él. Prefiero pasar la cita a otro día, la verdad. Se merece toda mi atención.

Prefiero no dormir contigo

By ElDePapel

Abro los ojos, me desperezo, me levanto de la cama, salgo de la habitación y todo sigue igual que lo dejé ayer a las cinco de la tarde. Son las seis de la mañana y estoy plantado en el salón, en silencio, escuchando cómo éste retumba en toda mi casa y me percato que prefiero dormir sólo tres horas contigo que trece sin ti.
Aunque al día siguiente me caiga de sueño por los rincones, será mi cuerpo el que se lamentará pero mi alma lo consolará diciéndole que valió la pena.
Y es que ayer dijimos tú y yo que estábamos cansados, que necesitábamos dormir. Decidimos no vernos para aprovechar y descansar…

Mala decisión.

¿Qué insensatez hizo que se nos ocurriera pensar que necesitábamos más dormir que vernos?
Parece que se nos olvidó que nos tenemos ansiedad, follamos como si fuera siempre la última vez que podremos estar juntos: intensamente, profundamente. Nuestros cuerpos vibran sincronizados con asombrosa facilidad, nos acoplamos como si estuviéramos diseñados a propósito para ello.
Tu cuerpo me enciende como ningún otro es capaz de hacer. Me pone tu mirada, tu sonrisa, hasta tu enfado me provoca erecciones. Tus gemidos, tus jadeos, tus muecas de placer, tus movimientos, cómo me clavas las uñas haciéndome notar cómo te estoy llevando al límite entre el placer y el dolor con mis embestidas. Haces emerger mi animal, mi fuerza y mi brutalidad además de mi ternura, mi suavidad y mi calma. Sacas todo de mí porque soy completamente tuyo.

Ya te dije una vez a través de la distancia y el tiempo justamente eso:

“Soy tan tuyo…”

Y ni siquiera yo era aún del todo consciente de cuánto.

Cuando conocí a Oso

By Little Bunny

Cuando recibí aquel primer mensaje que me hizo reír no imaginé todo lo que vendría después, pero vino y de qué manera.
Tras unos días de charla en los que su cerebro me pareció tremendo llego el día de la primera cita. No mentía, en sus propias palabras era “un señor de posguerra” (bajito y peludo) sonrió, me habló y todo fluyó. En aquella primera cita no hice más que confirmar lo que ya imaginé: su mente me atrae, y lo demás vendrá después.

A la semana, llegó nuestra segunda cita, una tarde de cine y merienda… el primer beso y zas! En una nube por esa lengua y esos labios, por esa sonrisa y esas caricias… Teníamos normas que cumplir, nada de tocar bajo la ropa, ya que mi pareja me pidió ir poco a poco, (sí, tengo pareja, la monogamia no es la única opción), pero su dedo se deslizó sobre mi pantalón en mi entrepierna y un leve gemido se ahogó en los efectos especiales de la película. Ahora lo tenía aún más claro.

Tras otra larga semana ya no existían restricciones, tan solo las que nos pusiéramos nosotros, mi lista de normas, una breve lista con 4 puntos a respetar. Aquella vez ya teníamos una habitación, una cama… y muchos deseos acumulados. Dafne y Sara me pidieron fotos y detalles, entre risas me negué. “Es mi intimidad”, respondí. Aquellas horas en esa habitación volaron, cada gesto, cada beso, cada caricia o azote, me hacían vibrar… Ese iba a ser mi pequeño primer paso en el mundo BDSM junto a un hombre que me ponía a 1000, me respetaba y me hacía sentir preciosa.

Ahora solo necesito recordar sus dedos rodeando y tirando de mi pezón para que mis braguitas se mojen, pensar en sus dedos en mi boca para suspirar, recordar su olor para querer tocarlo, con imaginar un pequeño azote tiemblo y ardo en deseos de volver a complacerlo, de volver a verlo, sentir y darnos placer.

Para procesarlo me retiro

By ElDePapel

Se dará alguna situación que me disparará alguna alarma. Algo que habrás dicho o hecho, algo que habrás posteado, algún comentario que le habrás escrito a alguien, un juego teóricamente inocente, un atisbo de flirteo, un deseo que habré sentido en ti, algo que querrás hacer con alguien o a alguien… En ese momento será cuando mi parte más emocional se revolucionará, querrá gritar, estallar. Me asaltarán los miedos y aflorarán mis inseguridades arraigadas en mi más oscura profundidad que desencadenarán esos malditos celos que corroen que asfixian apretando aquí en el pecho y me pondrán en guardia. El dolor despertará mecanismos de defensa, aparecerá el rencor, la indignación y me sentiré ofendido y víctima de tu egoísmo.

Eso será así, eso será lo que pasará en mí. Lo sé porque me conozco y a lo largo de mis experiencias he tenido que desarrollar un mecanismo de contención para evitar consecuencias catastróficas. Intento evitar caer en la tentación de recriminarte tus acciones, tus deseos o lo que sea que hayas dicho porque sé que después, cuando lo haya procesado, cuando me dé cuenta de que el problema es mío porque ha nacido en mí, de mí y por mí, me arrepentiré de mis reproches. Porque este sentimiento no es fruto de ti sino de mí y este fruto ha nacido podrido.

Para evitar sucumbir a esas emociones arrasando con todo, me retiraré. A lo sumo te comunicaré que estoy en un “momento microondas”* para que entiendas por qué, durante un tiempo, me verás ensimismado, seguramente más serio, menos hablador o divertido de lo habitual. Te lo haré saber para que no te extrañe si de repente te pido que me recuerdes que me amas; o te pido que me refuerces alguna de mis fortalezas para contrarrestar alguna de mis inseguridades; o te pido cuidados para ayudarme en este proceso arduo y doloroso pero necesario. Pero por encima de todo, nunca te lo contaré para que modifiques tu comportamiento, dejes de hacer algo o me ocultes algo que creas que me haría daño. Sólo te pediré que me acompañes, que estés ahí. No te pediré explicaciones ni justificación alguna, sólo amor.

No será hasta que haga el “ting”*, cuando el adulto razonable haya convencido al niño asustado de que no tiene nada que temer y que no hay monstruos debajo de la cama, que te contaré mi gran proeza con orgullo. Puede que te dé más o menos detalles. Quizá omitiré algo por vergüenza de confesar la tontería que me dio miedo; o quizá te lo contaré todo para que veas lo mucho que significas para mí, tanto como para que tiemble todo mi mundo cuando asoma el miedo a perderte, a no ser suficiente para ti o perder tu admiración. Sé que no debería ser, pero siento que tú me das significado y si dejaras de apreciarme, desaparecería.
Por eso, para procesarlo, me retiro. Pero no me alejo, cojo carrerilla para saltar y caer más cerca de ti.

Mi momento microondas

By ElDePapel

Parto de la premisa que ella no es mía y, por lo tanto, no es algo que pueda ni deba controlar. Hace tiempo que aprendí que mi jaula de oro tendría que mantener siempre la puertecita abierta para que, si este bello pájaro se queda dentro, sea porque así lo desea no porque lo mantenga encerrado. Cuando la conocí la conocí libre y esta libertad es uno de sus rasgos fundamentales y por ellos es por lo que me enamoré de ella. Prefiero perderla libre que poseerla encadenada, porque la amo y eso no sería amar.
Soy humano, imperfecto, con mis inseguridades y fui programado durante 34 años en el dogma de la monogamia que implica que seré substituido por todo aquel que despierte en mi pareja sentimientos y deseos románticos o sexuales. Mucho tiempo perdido y mucho por desaprender en tan poco tiempo, pero somos seres racionales, ¿no? Apelemos a la razón y cultivemos nuestra inteligencia emocional.

Hacía un par de semanas que sabía que esta noche se iba a cenar con él y con otros amigos/as liberales con los cuales después de cenar irían al club Totem, uno de los locales swinger de Barcelona y al que habíamos hablado de que fuera conmigo por primera vez… pero aún no había podido ser. Tuve que superar el primer resquemor al frustrarse mi “complejo de colón” (es cómo llamo yo a esa necesidad de “estrenar” algo o a alguien), se me pasó por la cabeza el aparecer en el club con alguna otra chica, porque como chico solo no me ha gustado nunca ir, incluso pensé proponerme para echar una mano como camarero y así justificar que yo estuviera ahí. Ideas ridículas que, por suerte se quedaron sólo en eso, pensamientos delirantes dentro de mí.
En estos momentos es cuando empiezo mi conversación conmigo mismo. Bueno, en lugar de una conversación es una especie de monólogo. Me recito mi sermón aprendido tal como se lo diría a mi mejor amigo si se encontrara en esta situación, pero con una ventaja, y es que yo nunca me discuto nada. Aquí empieza mi momento microondas, sí, microondas porque cuando mi cabeza empieza a dar vueltas y a procesarlo todo es como si dentro de mi cabeza se oyera el ruidito del microondas:

Piensa, empieza por ahí, ¿qué crees que significa lo que está pasando? Recuerda que no eres el centro de todo su mundo y, por lo tanto, su motivación para estar esta noche ahí con él no es hacerte daño. Entonces… ¿Cuál crees que es su motivación? Te has planteado que simplemente disfruta de él, de lo que le ofrece, le hace sentirse deseada, se lo pasa bien, se divierte… él le despierta emociones, la hace vibrar… la hace feliz. ¿Y no es eso maravilloso? Cuando tantas veces le has dicho que la amas, que quieres hacerla feliz, que si pudieras le regalarías todas las experiencias y sensaciones del mundo; siempre hablas en condicional, pues sabes que no podrás dárselo todo siempre por mucho que lo desees y, por lo tanto, privarla de ello por tu limitación… ¿no te parece tremendamente egoísta?
¿Crees que él es tu competidor, tu substituto? ¿Realmente temes que no vaya a volver y se vaya a perder con él para siempre? Le gustas, te quiere y por ello, nadie puede alejarla de ti, obligarla a renunciar a ti; nadie más que tú mismo. Tanto él como tú tenéis el mismo objetivo: cuidarla, amarla y hacerla feliz; ¿eso no te recuerda más a un compañero de equipo que un rival? Sí, sé que todo esto parece demasiado utópico, ¿pero la idea del amor no lo es en sí misma?

Tengo la suerte que yo también he estado en la situación de ella y tengo que confesar que ayuda para ponerse en su piel. Recuerdo cuando disfruto de la compañía de otras personas con las que puedo compartir afecto, risas y sexo sin que ello me haga olvidar a quien amo con locura. Por mucha pasión, cariño y experiencias que pueda yo vivir con ellas, soy muy consciente que ella no debería temer perderme porque me tiene, porque me di a ella y me sigo dando sin censuras. Mi cuerpo, mi mente, mi deseo y mi alma anhelan ser suyos. Entonces… ¿Por qué no va a sentir ella lo mismo? ¿Por qué yo sí que debería perderla? No hay ninguna razón por la que ella quisiera renunciar a mí, pues yo tampoco querría renunciar a ella.
Aquí llega el “ting”, el sonido que avisa que el microondas ha terminado y que el proceso ha llegado al final. “Me ama y mientras sea así, no debo temer perderla.” Mi alma se calma y acompaña a mi cuerpo cansado que la esperaba para irse a dormir. Le mando un “Buenas noches, pásatelo genial. Te amo.” y me meto en la cama orgulloso de mí mismo. He conseguido superar los celos, soy emocionalmente un poco más inteligente, un poco más poderoso y un poco más feliz.