La reina del castillo (II)

La reina entró por la puerta cuando nosotros aún ni siquiera nos habíamos movido de postura. Oí el sonido de la puerta de la entrada al cerrarse y unos pasos que se acercaban. Estaba súper expectante por ver cómo era, encima me iba a ver desnuda, yo a ella y vete a saber qué iba a pasar ahí. Ay dios mio!
Cruzó el umbral de la puerta tan normal y feliz. Con una sonrisa nos saludo (a todo esto yo seguí debajo del escritor a modo misionero) y empezó a desnudarse con total calma. Llevaba una ropa sencilla y con un aire hippy. Suelo analizar bastante estas cosas y eso me hizo verla como alguien cercana y cariñosa. Sencilla, madura y dulce.
El escritor se despegó de mi para recibirla en la cama, la besó y se tumbó con ella a mi lado. Esta vez eran ellos quienes adoptaron la postura del misionero. Yo me quedé tumbada en la otra parte de la cama de manera que la reina quedó tumbada justo a mi lado con el escritor encima.

– Mira que tetas tiene – dijo con lujuría el escritor.

Y empezó a comérselas con ansia, de vez en cuando las masajeaba y me miraba. Cuando dejé de mirarle y controlé un poquito mi cachondo mental de verle así, subí la mirada y me encontré justo con la de ella. Creo que me besó y empezó a tocarme con la mano que le quedaba más cercana a mi. Yo estaba tan alucinada que no pude mover ni un músculo más que el de mis ojos que miraban atentamente toda la escena. Él empezó a embestirla y la reina jadeó.
Qué fuerte me estaba pareciendo todo eso. En plan bien, eh? Tenía dos personas al lado follando sin pudor y con ganas de hacer no sabía el qué conmigo. Sí, así de inocente soy a veces, jaja.

Estaba yo con mis pensamientos cuando la reina se apartó del escritor y vino hacia mi. Uf! Se acercó por los pies de la cama, cogió el hitachi y lo puso en marcha. “Ay dios mio”, pensé. Eso era algo desconocido para mi, pero la reina lo tenía muy claro y lo manejó con destreza. El escritor nos observaba disfrutando la escena.
Cuando me sacó un orgasmo, volvió a por él y este la tumbó boca abajo para seguir embistiéndola. Les pregunté si no les importaba que mirara, no tenía ganas de participar. Quería mirar, me encantaba. Además me intimidaba un poco el echo de que ellos tuvieran experiencia en estas situaciones y no sabía muy bien qué hacer para acompañar el momento.
Cuando acabamos nos vestimos y tomamos algunas fotos. Hablamos de dónde ir a cenar y optamos por una pizzería que quedaba unos número más allá. El escritor se separó de nosotras una vez bajamos a la calle para seguir por otro camino.

Durante la cena todo estuvo genial. Charlamos animadamente sobre nuestras cosas como el trabajo, la familia y otros temas sin más importancia. Supongo que las dos éramos buenas conversadoras y estábamos a gusto ahí hablando. Hablamos poco del echo de que yo saliera con el escritor y una de las pocas cosas que me planteó a parte de qué tipo de relación buscaba con él (vaya preguntita…!), fue qué pasaría si coincidíamos las dos en horario para quedar con él. no tuve duda: pues sería ella la prioridad. Era la reina del castillo, lo tenía clarísimo.
Hubo un momento triste cuando me contó que se le había muerto recientemente uno de sus perros. Yo también tengo uno y empaticé totalmente con ese sentimiento. No pude reprimir el sentarne a su lado para consolarla cuando se me puso a llorar. Seguidamente me contó que se le estaban juntando varios temas y entre ellos estaba su relación con el escritor. Me estubo haciendo algunos comentarios sobre él y en ese momento me lo tomé como el típoco cotilleo de cualquier tía hablando de su pareja, pero no era así. Así mismo confesó que no estaban muy bien y que no tenía muy claro si irse a vivir con él aún y cuando estaban ya en plena mudanza. Qué descontrol, pensé. Pero bueno, era su relación y por supuesto yo no me iba a meter. Sólo que pude escucharla e intentar comprender su punto de vista de todo el asunto.
No me afectó las negatividades que decía de él pues siempre he sido uan persona que voy a la fuente original a buscar la información y el que me lo cuente otra persona es meramente un punto de vista para mi. Comprendo, empatizo, pero no tengo opinión.

– No me voy a vivir con él, lo estoy viendo claro. En cuanto pueda se lo digo – dijo cuando estábamos bastante avanzadas en la cena.

Me quedé sorprendida, pero tampoco sabía muy bien qué historias se llevaban así que sólo pude mostrarle tristeza por ellos.

La reina del castillo (I)

Hoy mi marido me ha preguntado por un club de mujeres al que una vez me invitaron a formar parte. Me hizo mucha ilusión porque quien lo organizaba era todo un referente para mi en el mundo poliamoroso.

– No puedo ir porque me han dicho que ella se incomoda con mi presencia y hay que cuidar su vulnerabilidad.
– ¿Pero no es un club de recogimiento para mujeres?… y echan a una?
– No sé, me ha sorprendido que no hayan sabido separar algo personal. Como fundadora creo que debería ser más neutra, pero es su decisión y no me voy a meter.

PASO.

Ese “ella se incomoda” es alguien con la que coincidí en un  breve periodo de mi vida, pero fue bastante intenso. Interactuamos poco, pero suficiente como para provocarle una rabia inmensa. Ella era la reina del castillo donde yo decidí entrar y aún y así se vió amenazada.
¿Mala gestión de su rey? ¿Inseguridad de ella? Juzguen ustedes mismos, esta es la historia de cómo concí al escritor. En realidad es la parte en la que conocí la que por entonces era su pareja.
Sabía de sobras que el escritor tenía y no una cualquiera: era una mujer liberal desde hacía muchísimo tiempo, apreciada (según tengo entendido) por el ambiente que frecuentaba, amada hasta la médula por el escritor, con un buen trabajo, buen corazón, guapa y un sinfín de buenos adjetivos hasta aburriros. Qué encantadora, verdad? Pues eso pensé yo. Como tembién pensé: vamos a conocerla.

El escritor me había comentado que la reina tenía algunas dudas/inseguridades con mi entrada en sus vidas. Como es normal en mi, lo primero que me vino fue el sentimiento de dar tranquilidad y agradarle. Le comenté al escritor que le parecía si nos íbamos de cena ella y yo juntas para conocernos y charlar. Que viera que yo era una persona normal y corriente y sin ningún ánimo de robarle al escritor. Somos poliamorosos, no? No debería haber esos problemas, pero son más habituales de lo que parecen. A mi no me cuesta nada ofrecer ayuda y me puse muy contenta cuando el escritor me dijo que la reina había aceptado cenar conmigo.

Un 17 de diciembre quedamos el escritor y yo para estar juntos. Él aún estaba nervioso en el terreno sexual conmigo, era tan tierno, jeje. Esto es algo de lo que ya hablaré en otro post porque el protagonismo de este post no es para nosotros.
Llevábamos creo que un par de horas juntos y se hizo casi la hora de cenar. El escritor estaba encima de mi, penetrándome. Creo recordar que sonó el móvil y el atendió el mensaje que llegaba.

– ¿Quieres que le diga que se venga con nosotros? – dijo en tono divertido. Estaba tanteándome.
– Emmmm… –  dudé.

Un trío??? En serio?!  Jamás había hecho uno en petit comité y jamás así de repente, con la pareja de alguien. Uf, demasiadas nuevas experiencias de repente y encima con alguien que me daba bastante respeto.

– Vale…

Mi curiosidad pudo más que nada y él me animó sólo con su actitud y su cara. Estaba claramente contento por la situación e imagino que le daría un morbazo increíble.

Un polvo perezoso (III)

Cuando tuve suficiente de sus lametones y mi sexo se calmó, me giré quedando tumbada de espaldas a él. Noté un poco de desconcierto porque no soy yo la que suele dar indicaciones sobre nuestras posturas, pero el escritor reaccionó bien: expectante y atento a lo que venía a continuación. No sé si esperaba que le pidiera que me la metiera en esa postura, pero yo estaba en un estado de relax maravilloso aún con un toque de excitación. Como un “pre” que tiene ese toque justo que te va manteniendo. La diferencia es que en vez de ir subiendo de intensidad, le estaba dirigiendo para que me fuera bajando a la tierra.
– Bésame – Le ordené con calma -. Empieza por mi cuello y ves bajando.
Eso hizo, fue bajando por mis espalda y se entretuvo un rato en mi culo. Deseando estaba que profundizara! No pude evitar apretarle la cabeza contra mi carne y que se hundiera cuando sacó la lengua no sé con qué intenciones. Acabó con ella metida en mi ano, jugando a entrar y salir con pericia y yo que quería ir bajando el tema… vaya dos estamos hechos! Es la provocación contínua.
En medio del placer note que bajaba su cuerpo para seguir deslizándose por mis piernas y acabó chupándo

me los deditos de los pies. Puro delicia, me encanta.

Se levantó y se dirigió a la puerta de la habitación para abrir un poquito y dejar paso a la luz del mediodía que me cegó.
¿No podían ser las diez o algo así? Quería volver a repetir antes de irme.
No fue posible.
Hay obligaciones importantes como atender mi otra casa.

Un polvo perezoso (II)

Cogí el Hitachi y sin dudarlo lo coloqué encima de mi sexo a una velocidad de vibración considerable. Estaba muy excitada y quería un orgasmo YA. Busqué aún con los ojos cerrados y en la absoluta oscuridad de la habitación su boca, girando la cabeza hacia mi derecha. La encontré y bebí su aliento excitado, cálido y entrecortado por su lengua que iba buscando la mia con placer. Adoro besarle.
Mi manos estaban ocupadas buscando el punto perfecto para llevarme al orgasmo y en el camino, el placer iba y venía. Su miembro entraba y salía intentando seguir mi ritmo y adecuándose a su propio placer. Dios, que tremendo todo.
Dejé de besarle, me volví egoísta y me dejé follar por todos. El orgasmo llegó rápido con poco aviso pues en estos polvos perezosos no es que esté yo muy comunicativa. Explotó en el centro de mi clítoris y sólo hacía que subir y subir. Me hice un ovillo y volví a deshacerlo para arquearme hacia atrás. Creo que él aún seguí dentro de mi intentando controlar lo suyo y lo mio. Ya os digo que me volví egoista, pero bueno, ya tendría su momento después.
El orgasmo no desapareció del todo, fue bajando suave como una pluma y mantuve el Hitachi encima de mi clítoris. Lejos de molestarme, me mantenía en ese estado cachondo y quise más.
Esta vez costó algo más y creo que en ese rato el escritor se corrió. Tan a gusto estábamos, tan dormidos, tan inconscientes y tan excitados que casi lo hace dentro. Salió a última hora y su corrida quedó esparcida en algún lugar entre mi culo y las sabanas. Yo seguía con lo mío y llegó el segundo orgasmo, delicioso como el primero mientras el escritor se mantenía detrás de mi acariciándome y acompañando ese momento con todo lo que quedaba de él. Notaba su respiración detrás de mi al igual que el calor de su cuerpo y la corrida pegajosa más abajo.
Apagué el Hitachi y lo deposité de nuevo en la mesilla.
Me giré completamente hasta quedar cara a cara y le besé para darle los buenos días y las gracias por ese polvo perezoso, como también por acompañar mis dos orgasmos. Los besos no paraban y lejos de ser un bonito postpolvo me estaban poniendo. Notaba la entrepierna mojada de mi flujo por los orgasmos y quise que lo probara, que nos lo comiéramos los dos. Bajé la mano y mojé dos dedos… le besé con pasión y los metí entre su boca y la mía. Se rompió el silencio que hasta ahora había acompañado nuestros suspiros y jadeos.
– Si quieres que te lo coma, me lo dices. No me andes con sutilezas – Jajajaja!! Qué simpático y descarado sonó.
– No pretendía ser sutil, tenía ganas de que fuera así… pero ya que lo dices… cómeme – Fue bajando lentamente hasta depositarse delante de mi sexo-. Suave, plano, de abajo arriba.
– ¿Cómo? Buenos días, por cierto.
– De abajo arriba, tal y como lo hacías ahora. Buenos días, jeje.
Quiero un postpolvo como si se tratara de un “pre”.
Al tratarme con esa picardía, sacó de mi peticiones que hasta la fecha no lo había hecho saber con palabras. No suelo dar indicaciones de voz cuando follo, prefiero la sutileza del tacto. Con el escritor se suma que me siento dominada por él y a su merced y eso me hace aún más sumisa. Eso no quiere decir que no le haga saber cuando algo no me gusta, pero es que hasta la fecha esto es como un cuento de hadas sexual.

Un polvo perezoso (I)


Ayer me fui a dormir muy dolorida. Estuvimos en el Uhomo y se me ocurrió la fascinante idea de que me hicieran un squirt. Ya os contaré eso en otro post…

El tema es que me fui a la cama sobre las 6am en casa del escritor, hecha un trapillo. Joder, qué escozor!
– Hacemos cucharita?- me dijo mientras me dejaba un hueco a su lado.
Qué tierno es cuando dice estas cosas… me desarma. Ayer no estaba de mucho hunor porque sólo que sentía eso ahí abajo y me cagué en todo porque no pude hacer el amor con él, pero me dormí con el calor de su cuerpo pegado a mi espalda. Perfecto (casi).
No sé qué hora sería cuando desperté sin abrir ni un ojo. Llevaba ya un rato moviendo mi trasero en dirección al paquete del escritor. No me había movido de mi posición en las pocas horas que había dormido y parecía que lo de ahí abajo estaba calmado.
Volví a removerme, esta vez ya bien pegada a él. El escritor reaccionó acercando su boca a mi oreja, besándome donde acertaba y tocándome con ese sueño aún pegado al cuerpo.
Me encantan estos polvos. Los llamo polvos perezosos y son perfectos, sinceros, nacidos de la profundidad del alma.
Me giré a darle un beso, ya tengo medio superado lo de que no le moleste mi aliento matutino (la verdad que yo no le noto nada a él) y guié sus manos por mi cuerpo hasta que decidió pararse en mi sexo. Mojado, como de costumbre… jaja. Desconozco si se percató, si le excitó o si actuaba por inercia. Me daba absolutamente igual pues ya estaba trabajando toda la zona y… ummmm, me estaba sentando de maravilla. Aún no sabía si el dolor de ayer noche estaba curado del todo y notar sus manos sin ninguna ansiedad por entrar dentro de mi, me relajó.
Me fue estimulando con pericia y yo cada vez estaba más animada, esperando el momento en que su miembro entrar dentro de mi.
Estábamos aún en posición de cucharita y sin nuestra ropa interior (últimamente dormimos así: preparados, jaja), sólo tuve que mover mi brazo hacia atrás y buscar algo erecto. Lo encontré por supuesto, y lo estimulé. Quería que sintiera lo mismo que él me hacía a mi.
Los recuerdos son difusos pues estaba medio dormida, no sé cómo acabó entrando dentro de mi al poco rato y sentí un leve pinchazo dentro de mi: “auch!” Aún tenía alguna secuela de ayer, parecía que no estaba curado del todo aunque seguí excitada y queriendo más.
Entro y salió multitud de veces, con toda esa lubricación era imposible parar. Fue delicado, pero firme. Unas pocas veces tomó algo más de velocidad y me supo a gloria, tanto que alargué la mano hacia la mesilla de noche situada delante de mi y cogí el Hitachi. Con el movimiento de mi cuerpo por alcanzar el vibrador, se salió fuera, pero no dude en meterme de nuevo su polla cuando volví a mi posición inicial. Parecía que ya no dolía nada, qué bien. Apreté mi musculatura interior del tremendo gusto que me dio volver a meterla dentro y noté como él también se excitó expandiéndose dentro de mi. Me encanta notar eso, ese “blub” que hacen las pollas dentro de ti cuando se ponen por alguna acción concreta. También me ha proporcionado algunas risas en algún postpolvo al usarlo como si de una comunicación morse se tratara. Tonterías que se hacen… ya sabéis!

Gracias, amor. (I)


 By Sara Curiosa
Habías quedado con una amiga. Llegada cierta hora de la tarde no sabía si aún seguías en el trabajo ni cómo habías quedado con ella si hasta las 8 tenías a tu niño. Te mando un whatsapp para ver en qué situación estás… me dices que trabajando aún, que no tienes al niño y que no sabes si vas a quedar con tu amiga.
Hace unas horas te decía que te echaba de menos y no he obtenido respuesta alguna, tampoco un “te quiero” o algo similar cuando me has anunciado que finalmente sí quedabas y que estabas de camino a su casa.
En ese momento no lo sabía, pero no estaba muy bien después de la conversación que tuvimos ayer durante la cena en el restaurante.
He llegado corriendo al cine, 10 minutos tarde después de dejar a mi peque en casa de los abuelos. Es la única manera que tenemos el santo y yo de ir al cine. Lo del santo viene por lo de mi santo marido, tengo un amigo que le llama así a su mujer y me hizo mucha gracia. Creo que es una gran manera de preservar su intimidad.
No sé por qué la película me ha deprimido… era futurista, basada en un cómic japonés. Creo que ha sido la estética de los suburbios, la humanidad tan denigrada, todo tan sucio, tan gris… ¿o era yo la que estaba gris?

Al salir te he comentado que estaba en un momento microondas, pero no por celos. Estaba gestionando varias cositas acumuladas contigo de este día. Me dices de quedar y que te cuente de qué va este momento microondas, pero no veo en qué momento podemos hacer eso pues yo he quedado con el filósofo después de dejar al peque en casa. Me he enfadado con el mundo, que digo yo. Nadie tiene la culpa pues la situación es la que es y vernos me parece que es complicado. Me remarcas que tienes ganas de verme y dormir conmigo para que te cuente qué me pasa y yo me molesto contestándote que me gustaría que quisieras dormir conmigo sin ese motivo, el de contarte algo. “Auch” es la respuesta que recibo para decirme amablemente que no he ido con mucho cuidado al darte esa respuesta. Lo siento, estoy de microondas, no puedo estar pendiente de esos detalles. 
Pongo el peque a dormir y después de darle vueltas desde que he salido del cine, soy consciente de que tengo muchísimas ganas de quedar contigo. Me viene a la cabeza una frase del filósofo: “haz lo que te siente bien en cada momento, tu vas primero”. Bien, pues en ese momento quería quedar contigo y no con otra persona. Me ha sabido mal por el filósofo (hasta tu me lo has dicho), pero no hubiera estado como tenía que estar con él. Hubiera estado como una fierecilla enjaulada, deseando que llegara la hora para salir corriendo a verte. Luego sería tarde y tu estarías durmiendo.
Le mando un whatsapp al filósofo comentándole que prefiero quedarme en casa porque no quiero que se sienta mal pensando que estoy desquedando con él para venir contigo. La realidad es que tengo ganas de verte y eso hubiera generado que no estuviera bien con él. Prefiero pasar la cita a otro día, la verdad. Se merece toda mi atención.

Visitamos… El Jardín del Edén (IV)

Cuando el escritor salió del vestuario le comuniqué mi intención de besar a la pareja para despedirme y no entendió que quisiera ir yo sola. La verdad es que me daba vergüenza darles un simple beso en un lugar así y me parecía una niñería y capricho mío. Finalmente me acompañó, pero cuando los encontramos el pudor pudo conmigo y no me atreví a nada. Es una tontería, lo sé… pero no me salió hacerlo con el escritor observando mis movimientos, así que nos despedimos a modo normal y subimos al piso de arriba a por nuestras chaquetas. Nos quedaban aún una tanda de bebidas y mientras pedíamos me quedé pensando en la despedida de esa pareja… el escritor se dio cuenta y me dijo que bajara a buscarlos yo sola si así lo deseaba. Fui volando y los encontré.
La besé primero a ella y después a él. Entre risas de los tres, volvimos a besarnos.

– Esto lo haces para que nos acordemos de ti, no?-
– Claro – les dije con cara traviesa mientras subía los primeros peldaños al piso superior.

El local nos pareció muy recomendable. De ambiente muy parecido al Training Pedralbes en el que la gente está por lo que tiene que estar y no de pavoneo. Con la mejora que la decoración es moderna y con buen gusto, el personal atento y la discoteca bien llevada.
Es un lugar donde traería a gente novata y experienciada por igual, pero para novatos me parece un sitio genial por el tema de las puertas que se pueden cerrar y por la discoteca y el espacio del piso de arriba. Puede ser un refugio en caso de no atreverse a pasar a un nivel mayor.

Salimos del club sobre las cuatro de la mañana, cansados. Me quedé sin final feliz en casa del escritor, estaba agotada y al día siguiente tocaba madrugar.

Visitamos… el Jardín del Edén (III)

De nuevo fuimos al bar, yo con la risita por lo que acababa de pasar y observándolo todo. Todas las personas que pasaban cerca de mi, las que habían al fondo, las luces, la decoración, el culo de esta, el pelo del otro, zapatos, vestidos… estaba como una niña descubriéndolo todo. Me di cuenta que todos iban vestidos excepto yo… no me importó. Obviamente había atuendos muy sexys y para nada de calle, pero nadie iba desnudo.
En el bar nos encontramos una pareja que el escritor conocía de un viaje a Francia, pero con la que no había mantenido relaciones. Eran simpatiquísimos y aunque no me atrajeron especialmente al principio, sí que me reí y me parecieron muy agradables. Charlamos un rato, volvimos a pedir bebidas y nos dirigimos al piso inferior. Ahí están los vestuarios como os decía y además podéis encontrar una piscina bien arregladita (más que la de otros clubs) aunque el olor a cloro es molesto. En el otro extremo del piso está la sala de cine que se abre con una de las llaves que te dan (lo cual me pareció un poco absurdo), una sala bdsm pequeñita y un pasillo muy largo lleno de habitaciones a ambos lados. Cada habitación consta de una cama cubierta de una tela tipo polipiel y tiene puerta por si quieres cerrar y tener más intimidad. Me pareció una opción genial y bien pensada por si quieres estar tranquilo o por si necesitas intimidad en las primeras veces, si vas muy de parejita y esas cosas.
Por último hay una sala con luz roja, muy chula que esta sí está decorada como la habitación de un hotel, con su cama y un sofá al fondo por si alguien quiere sentarse a observar. Aquí no hay puerta.
Estuvimos un rato en esta sala y luego fuimos a una de las habitaciones con puerta. Es donde estuvimos más rato y desatamos nuestra pasión al completo. La puerta la dejamos abierta, no tengo problemas con que me miren sólo me desconcentra un poco, pero quiero acostumbrarme y aprender a centrarme aunque haya ruido, gente o mirones. El escritor me sugirió que si veía a algún hombre pasar que me hiciera gracia, que se lo dijera y le invitábamos a entrar para que yo jugara con él. Eso no pasó pues estaba centrada en él y en mi. De hecho me costó bastante correrme por la gente que pasaba por el pasillo y me distraía con sus conversaciones.

Recuerdo que como último visitamos el cine y ahí estaba ya bastante cansada… respondí al escritor “en casa” cuando me preguntó dónde quería acabar. A todo esto él aún no se había corrido, me dijo que cuando va a los clubs aguanta bastante y os puedo asegurar que lo sufrí al día siguiente porque tenía todo lo de abajo dolorido, jaja. Maldito lubricante que justo ese día se me olvidó!
Fuimos al vestuario para vestirnos de nuevo y coincidimos con una pareja extranjera que en la habitación roja nos había preguntado por un intercambio. La chica era mona, pero él me pareció muy machista ofreciendo su mujer al escritor como si se tratara de un trozo de carne. Sospechaba además que iba un poco tocado por el alcohol y por ahí sí que no paso.
De broma y en varias ocasiones le llamó “egoísta” al escritor por no dejarle acostarse conmigo. Yo observaba la escena en segundo plano y ya me iba bien. No quería tener que lidiar con eso y les dejé con la conversación para salir fuera al pasillo y buscar con la mirada a la pareja con la que habíamos charlado en el bar. Se me ocurrió en ese mismo instante despedirme de ellos con un buen beso. Él me pareció cariñoso y respetuoso, con buen fondo. Aunque no era mi ideal a nivel físico, no me importaría estar con él a nivel más íntimo si el escritor también hubiera deseado acostarse con su pareja: una rubia delgadísima, simpática y con sus años. Muy dicharachera.

Visitamos… El Jardín del Edén (II)

A ver cómo os explico los 900m2 que tiene este pedazo de local…:
En la planta de arriba tal y como comentaba, está el bar y la discoteca. El sitio está decorado con gusto y da la sensación de estar en una discoteca normal y corriente. Lo único que la gente lleva cierto tipo de vestuario o en algún momento puedes ver ciertas escenas que no verías en otro lado. El escritor fue el primero en encargarse de enseñarme que en estos locales se permite tener sexo en cualquier lado. Y cualquier lado es cualquier lado…

Después de desvestirnos y quedarnos con lo que consideramos (yo a petición del escritor me quedé en braguitas, collar y tacones. Con el pecho totalmente al descubierto), subimos al bar a pedir bebida. Al poco rato no dudó en levantarse el Kilt, -vaya cosa más práctica se llevó… jaja!- situarse detrás de mí y penetrarme ahí mismo, con mis manos apoyadas en la barra mientras yo le ponía cara de: no, en serio. De verdad? Ufffff, qué manera de empezar. Estaba entre nerviosa, excitada, cagada, ansiosa, excitada, excitada, excitada…
Al acabar nos fuimos a la discoteca. Es enooooorme! Hay una pista y seguido un espacio lleno de sofás tipo chester en color blanco. Dimos una vuelta por ahí, estuvimos mirando a la gente que iba llenando el local y nos paramos en un murito que separa una parte de la pista de  baile de la zona de sofás. Es un muro perverso… queda a la altura de la cadera (sí, sí. Ya sé que ya lo estáis pillando y pensando en las posibilidades, diablillos!) y encima de él cae una cortina de esas de tiras muy finas como los flecos de un vestido de charlestón.

Me paré a observar la pista desde ahí y de nuevo el escritor se situó detrás de mi… podía notar su excitación pese a la gruesa tela del kilt. Acercó su mano a su boca para coger saliva y la bajó hasta mi entrepierna para humedecerla: me pone enferma cuando hace esto, es una imagen súper morbosa porque sabes lo que viene después. Tiene una expresión en la cara de lo más excitante.
Me embistió y apoyó una de sus manos en mi espalda para hacerme apoyar encima del muro. Saqué medio cuerpo entre las cortinas dejando mi pecho al descubierto ante todos los que bailaban. Mi cara era un poema y no sabía ni para donde mirar… si a la pared de la derecha para concentrarme y sentir su miembro dentro de mi o bien buscar la mirada de alguien en la pista y hacerle partícipe de mi excitación. Miré en varias direcciones observando a la gente de la pista, sólo cuando la penetración era profunda y ruda, cerraba los ojos. Todo se volvió un poco confuso y espeso por las luces, el polvo, la música… de repente tenía a una pareja al otro lado del muro mirándome de manera muy lasciva. Yo les miré fijamente y se acercaron más a mi, empezando a tocarme el pecho y la parte superior del cuerpo que asomaba entre las cortinas. Como vieron que yo no los apartaba siguieron esta vez besándome el pecho él y ella tiro de mi pelo. Al principio me sorprendió, después entré en su juego y no me desagradó cuando lo volvió a hacer. Estaba yo muy ocupada entre la parejita y el escritor, pero decidí a los pocos minutos (creo que fueron pocos) que ya había tenido suficiente. Me retiré levemente y el brazo del escritor me rodeó para apartarme de ellos y recogerme de nuevo junto a él, totalmente ya al otro lado del muro.

Visitamos…El Jardín del Edén

Al escritor y a mi nos dio por ir así de repente. Cada uno estábamos en nuestra casa, pero nos pusimos rápidamente de acuerdo para ir. Él quiso estrenar su Kilt, sabéis esas faldas que llevan los escoceses? Sabéis la coña de preguntarse si llevan calzoncillos o no debajo? jaja, pues el escritor decidió hacer las delicias de las chicas del local y las mías, no llevando nada debajo.
Yo elegí un precioso vestido de tul negro al cual le quité el forro para hacerlo totalmente transparente y me puse únicamente unas braguitas y lo adorné con un collar de piedras falsas que quedaba espectacular. Ya estaba pensando en cómo me iba a quedar ese collar cuando correteara por el local desnuda. No me lo pensaba quitar para nada 😉
Tacones y lista.

Bajé de casa y el escritor estaba esperándome desde hacía un buen rato… tuve una pequeña crisis con mi peinado a última hora, jeje. Yo creo que le valió la pena esperar y se le veía contento por poder llevarme por primera vez a ese local. Él tampoco había estado pues lo han abierto muy recientemente.
Se encuentra en Montornés del vallés y podéis ver su web aquí: http://eljardindeleden.barcelona/ . Llegamos en un “plis” y aparcamos fuera, es tipo nave industrial. Parecía una discoteca con luces de neón decorando la fachada. Me pareció muy típico, las luces de neón las encuentro un poco de putiferio y me cansan, pero bueno.
Sabíamos por la web que ofrecían una cena gratis alrededor de las nueve, pero no llegamos a tiempo. Una pareja nos contó más tarde que no había estado mal: justita, pero correcta.
La entrada es una gran puerta metálica la cual no sabíamos muy bien cómo abrir pues normalmente a los locales hay que picar un timbre, aquí simplemente empujamos la puerta hacia dentro. Nos encontramos con un caminito que acababa en unas escaleras y un chico nos recibió para acompañarnos a una pequeña recepción con guardarropía, donde un señor francés muy amable nos explicó un poquito y nos guardó las chaquetas.
– Qué gracioso – le dije al escritor en voz baja cuando el señor colgaba nuestras chaquetas-. Con ese acento parece todo muy digno.
Nos entregó dos llaves: una para el vestuario y otra para la sala del cine (¿ein?). También cuatro pulseras para pedir las bebidas.
Nos adentramos en la primera sala que era el bar y de ahí pasamos a un distribuidor que da a la discoteca y a unas escaleras que bajan al piso de abajo, donde se encuentran los vestuarios (están separados por parejas y chicos solos) y todas las salas de juego.