Ni siquiera le presté atención

By Paola

Mi primer día en el nuevo trabajo ni siquiera le presté atención, supongo que los nervios de empezar en un sitio nuevo sabiendo que iban a echar a la chica que me iba a enseñar no ayudaban… Así que bastante me costó retener que mis compañeros de turno de ese día en adelante se llamaban Laura y Sergio y que la chica que me iba a enseñar (y a la que iba a substituir) era María.

El plan era que durante un mes, aprendería con María y a partir de entonces ya me quedaría sola en la recepción. El trabajo era durísimo pero compensaba el buen rollo que había entre los compañeros. El mejor rato era cuando Laura plegaba de trabajar a las 20h y nos quedábamos María, Sergio y yo comentando cómo había ido el día y hablando de la vida en general. Sergio era el típico hombre casado, con un hijo pero con una mentalidad de adolescente con ganas de gamberrear fuera de casa. Se pasaba todo el día haciendo bromas. Por supuesto, la mayoría de ellas sexuales.

La verdad es que pese a que no era mi tipo, me di cuenta que tenía una mirada muy seductora. Le encantaba sentirse deseado por las demás, incluso en alguna ocasión le pillé flirteando con alguna paciente. Cabe decir que el pijama que usábamos (estilo enfermero) no le quedaba nada mal.
Cuando era hora de plegar María y yo nos íbamos al vestuario a cambiarnos y al acabar era Sergio quien se cambiaba.

Pasado el primer mes, echaron a María del trabajo y fui yo quien se quedó en su puesto así que esos ratos de charla y complicidad pasamos a hacerlos solo Sergio y yo. Él continuaba con sus bromas pesadas pero sabía que yo tenía pareja y yo siempre di por hecho que él no tenía relaciones fuera de su matrimonio.
La confianza fue aumentando hasta que un día decidí que no tenía sentido perder el tiempo cambiándonos de ropa por turnos cuando éramos dos adultos capaces de vernos en ropa interior y no sentir nada fuera de lo normal.

Y cuánto me equivocaba. Sergio era mucho más sexy sin ropa que con aquel pijama! Cada vez se palpaba más la tensión sexual pero ninguno era capaz de dar ningún paso.
Recuerdo un día en que él hablaba por teléfono y me hizo señas para que le diese un beso, yo, aproveché que él no podía hablar para darle un beso y marchar a mi puesto de trabajo. Él en respuesta me mandó un whatsapp con una foto de su mano que decía: no sabes lo que podría hacer con estos dedos…

Evidentemente, aquella tensión no se podía aguantar mucho tiempo. A partir de ese momento comenzaron los besos furtivos mientras Laura estaba ocupada y cuando ella marchaba a casa Sergio me daba masajes (tocando más de la cuenta siempre sobre la ropa interior) en las camillas del centro.
Sergio siempre bromeaba diciendo que algún día mientras nos cambiábamos me bajaría las bragas y de ahí ya no podría escapar. Y, evidentemente yo reía diciendo: Já, será si me dejo! Mientras deseaba profundamente que lo hiciera.

Hasta que un día vino su mujer a hacerse unas pruebas al centro. Yo no sabía dónde meterme y decidí que aquel juego tenía que terminar. Así que se lo dije y él respetó mi decisión pese a que siempre continuaron las bromas y caricias cada vez que nos cruzábamos.

Cinco meses después recibí una llamada, me contrabatan en el trabajo de mis sueños! Así que con muchísima pena comenté a mis compañeros que dejaba el trabajo pero, todavía me quedaban tres días más antes de empezar en el nuevo centro por lo que me quedaba a trabajar hasta entonces.
Y ahí fue cuando decidí que iba a por todas. Ésa noche le dije a Sergio que deberíamos aprovechar el tiempo que no tendríamos después y él estuvo deacuerdo pero el destino nos dio una sorpresa. La jefa decidió que durante los próximos días vendría a trabajar por las tardes a nuestro centro. Así que mis últimos días los pasamos en tensión casi sin poder ni hablar entre nosotros. Sergio me enviaba mensajes diciéndome: No te irás sin que te baje las bragas! Pero sabíamos que iba a ser imposible.
Mi último día de trabajo fue precioso. Mis compañeros me hicieron regalos y Laura y yo decidimos salir esa noche como despedida. Llegada la hora de salir, Sergio y yo fuimos hacia el vestuario a cambiarnos para salir y se quedó paralizado. Nunca supe si fue porque me iba, si no supo cómo reaccionar o no simplemente no se atrevía a dar el primer paso. Solo sé que decidí cerrar la puerta, cogerle del pelo hasta empotrarlo contra ella y… fuera de pronóstico le bajé los calzoncillos.
El resto queda en vuestra imaginación pero solo puedo decir que cuando llegué a la fiesta donde me esperaba Laura aun me temblaban las piernas.

Prefiero no dormir contigo

By ElDePapel

Abro los ojos, me desperezo, me levanto de la cama, salgo de la habitación y todo sigue igual que lo dejé ayer a las cinco de la tarde. Son las seis de la mañana y estoy plantado en el salón, en silencio, escuchando cómo éste retumba en toda mi casa y me percato que prefiero dormir sólo tres horas contigo que trece sin ti.
Aunque al día siguiente me caiga de sueño por los rincones, será mi cuerpo el que se lamentará pero mi alma lo consolará diciéndole que valió la pena.
Y es que ayer dijimos tú y yo que estábamos cansados, que necesitábamos dormir. Decidimos no vernos para aprovechar y descansar…

Mala decisión.

¿Qué insensatez hizo que se nos ocurriera pensar que necesitábamos más dormir que vernos?
Parece que se nos olvidó que nos tenemos ansiedad, follamos como si fuera siempre la última vez que podremos estar juntos: intensamente, profundamente. Nuestros cuerpos vibran sincronizados con asombrosa facilidad, nos acoplamos como si estuviéramos diseñados a propósito para ello.
Tu cuerpo me enciende como ningún otro es capaz de hacer. Me pone tu mirada, tu sonrisa, hasta tu enfado me provoca erecciones. Tus gemidos, tus jadeos, tus muecas de placer, tus movimientos, cómo me clavas las uñas haciéndome notar cómo te estoy llevando al límite entre el placer y el dolor con mis embestidas. Haces emerger mi animal, mi fuerza y mi brutalidad además de mi ternura, mi suavidad y mi calma. Sacas todo de mí porque soy completamente tuyo.

Ya te dije una vez a través de la distancia y el tiempo justamente eso:

“Soy tan tuyo…”

Y ni siquiera yo era aún del todo consciente de cuánto.

Visitamos… El Jardín del Edén (IV)

Cuando el escritor salió del vestuario le comuniqué mi intención de besar a la pareja para despedirme y no entendió que quisiera ir yo sola. La verdad es que me daba vergüenza darles un simple beso en un lugar así y me parecía una niñería y capricho mío. Finalmente me acompañó, pero cuando los encontramos el pudor pudo conmigo y no me atreví a nada. Es una tontería, lo sé… pero no me salió hacerlo con el escritor observando mis movimientos, así que nos despedimos a modo normal y subimos al piso de arriba a por nuestras chaquetas. Nos quedaban aún una tanda de bebidas y mientras pedíamos me quedé pensando en la despedida de esa pareja… el escritor se dio cuenta y me dijo que bajara a buscarlos yo sola si así lo deseaba. Fui volando y los encontré.
La besé primero a ella y después a él. Entre risas de los tres, volvimos a besarnos.

– Esto lo haces para que nos acordemos de ti, no?-
– Claro – les dije con cara traviesa mientras subía los primeros peldaños al piso superior.

El local nos pareció muy recomendable. De ambiente muy parecido al Training Pedralbes en el que la gente está por lo que tiene que estar y no de pavoneo. Con la mejora que la decoración es moderna y con buen gusto, el personal atento y la discoteca bien llevada.
Es un lugar donde traería a gente novata y experienciada por igual, pero para novatos me parece un sitio genial por el tema de las puertas que se pueden cerrar y por la discoteca y el espacio del piso de arriba. Puede ser un refugio en caso de no atreverse a pasar a un nivel mayor.

Salimos del club sobre las cuatro de la mañana, cansados. Me quedé sin final feliz en casa del escritor, estaba agotada y al día siguiente tocaba madrugar.

Visitamos… el Jardín del Edén (III)

De nuevo fuimos al bar, yo con la risita por lo que acababa de pasar y observándolo todo. Todas las personas que pasaban cerca de mi, las que habían al fondo, las luces, la decoración, el culo de esta, el pelo del otro, zapatos, vestidos… estaba como una niña descubriéndolo todo. Me di cuenta que todos iban vestidos excepto yo… no me importó. Obviamente había atuendos muy sexys y para nada de calle, pero nadie iba desnudo.
En el bar nos encontramos una pareja que el escritor conocía de un viaje a Francia, pero con la que no había mantenido relaciones. Eran simpatiquísimos y aunque no me atrajeron especialmente al principio, sí que me reí y me parecieron muy agradables. Charlamos un rato, volvimos a pedir bebidas y nos dirigimos al piso inferior. Ahí están los vestuarios como os decía y además podéis encontrar una piscina bien arregladita (más que la de otros clubs) aunque el olor a cloro es molesto. En el otro extremo del piso está la sala de cine que se abre con una de las llaves que te dan (lo cual me pareció un poco absurdo), una sala bdsm pequeñita y un pasillo muy largo lleno de habitaciones a ambos lados. Cada habitación consta de una cama cubierta de una tela tipo polipiel y tiene puerta por si quieres cerrar y tener más intimidad. Me pareció una opción genial y bien pensada por si quieres estar tranquilo o por si necesitas intimidad en las primeras veces, si vas muy de parejita y esas cosas.
Por último hay una sala con luz roja, muy chula que esta sí está decorada como la habitación de un hotel, con su cama y un sofá al fondo por si alguien quiere sentarse a observar. Aquí no hay puerta.
Estuvimos un rato en esta sala y luego fuimos a una de las habitaciones con puerta. Es donde estuvimos más rato y desatamos nuestra pasión al completo. La puerta la dejamos abierta, no tengo problemas con que me miren sólo me desconcentra un poco, pero quiero acostumbrarme y aprender a centrarme aunque haya ruido, gente o mirones. El escritor me sugirió que si veía a algún hombre pasar que me hiciera gracia, que se lo dijera y le invitábamos a entrar para que yo jugara con él. Eso no pasó pues estaba centrada en él y en mi. De hecho me costó bastante correrme por la gente que pasaba por el pasillo y me distraía con sus conversaciones.

Recuerdo que como último visitamos el cine y ahí estaba ya bastante cansada… respondí al escritor “en casa” cuando me preguntó dónde quería acabar. A todo esto él aún no se había corrido, me dijo que cuando va a los clubs aguanta bastante y os puedo asegurar que lo sufrí al día siguiente porque tenía todo lo de abajo dolorido, jaja. Maldito lubricante que justo ese día se me olvidó!
Fuimos al vestuario para vestirnos de nuevo y coincidimos con una pareja extranjera que en la habitación roja nos había preguntado por un intercambio. La chica era mona, pero él me pareció muy machista ofreciendo su mujer al escritor como si se tratara de un trozo de carne. Sospechaba además que iba un poco tocado por el alcohol y por ahí sí que no paso.
De broma y en varias ocasiones le llamó “egoísta” al escritor por no dejarle acostarse conmigo. Yo observaba la escena en segundo plano y ya me iba bien. No quería tener que lidiar con eso y les dejé con la conversación para salir fuera al pasillo y buscar con la mirada a la pareja con la que habíamos charlado en el bar. Se me ocurrió en ese mismo instante despedirme de ellos con un buen beso. Él me pareció cariñoso y respetuoso, con buen fondo. Aunque no era mi ideal a nivel físico, no me importaría estar con él a nivel más íntimo si el escritor también hubiera deseado acostarse con su pareja: una rubia delgadísima, simpática y con sus años. Muy dicharachera.

Cuando conocí a Oso

By Little Bunny

Cuando recibí aquel primer mensaje que me hizo reír no imaginé todo lo que vendría después, pero vino y de qué manera.
Tras unos días de charla en los que su cerebro me pareció tremendo llego el día de la primera cita. No mentía, en sus propias palabras era “un señor de posguerra” (bajito y peludo) sonrió, me habló y todo fluyó. En aquella primera cita no hice más que confirmar lo que ya imaginé: su mente me atrae, y lo demás vendrá después.

A la semana, llegó nuestra segunda cita, una tarde de cine y merienda… el primer beso y zas! En una nube por esa lengua y esos labios, por esa sonrisa y esas caricias… Teníamos normas que cumplir, nada de tocar bajo la ropa, ya que mi pareja me pidió ir poco a poco, (sí, tengo pareja, la monogamia no es la única opción), pero su dedo se deslizó sobre mi pantalón en mi entrepierna y un leve gemido se ahogó en los efectos especiales de la película. Ahora lo tenía aún más claro.

Tras otra larga semana ya no existían restricciones, tan solo las que nos pusiéramos nosotros, mi lista de normas, una breve lista con 4 puntos a respetar. Aquella vez ya teníamos una habitación, una cama… y muchos deseos acumulados. Dafne y Sara me pidieron fotos y detalles, entre risas me negué. “Es mi intimidad”, respondí. Aquellas horas en esa habitación volaron, cada gesto, cada beso, cada caricia o azote, me hacían vibrar… Ese iba a ser mi pequeño primer paso en el mundo BDSM junto a un hombre que me ponía a 1000, me respetaba y me hacía sentir preciosa.

Ahora solo necesito recordar sus dedos rodeando y tirando de mi pezón para que mis braguitas se mojen, pensar en sus dedos en mi boca para suspirar, recordar su olor para querer tocarlo, con imaginar un pequeño azote tiemblo y ardo en deseos de volver a complacerlo, de volver a verlo, sentir y darnos placer.

En silencio

By Dafne Habana
A: Tengo ganas de cumplir una fantasía
Dafne: Cuéntame
A: Quiero que vengas a mi casa… Yo te dejaré la puerta ajustada para que puedas entrar. Cuando hayas llegado, en silencio, te quitas toda la ropa en el comedor. Yo te estaré esperando desnudo en mi habitación.
Dafne: …¿no quieres ni que te salude?
A: No. Simplemente hazlo como te he descrito.
Simplemente me quedé en shock…Allí me encontraba yo, cerca de su casa, procesando esta petición. Realmente me sorprendió porque A es una persona distante, fría y bastante tímida, con poca iniciativa. Pensad que el día anterior no se sentó cerca de mí ni un instante… constantemente le tenía que “recordar” que se aproximara, y al día siguiente me espera desnudo en su cama. No entendía nada.
Evidentemente llamé a mi chica (Sara Curiosa) para explicarle todo esto y que aportara algo de luz al asunto que nos traíamos entre manos. Se quedó tan anonadada como yo… nos empezamos a poner súper nerviosas y a gritarnos: ¡Tía! ¡Tía! (como dos adolescentes, lo reconocemos). Finalmente (y obviamente) me acabó de dar el empujón: ¡Hazlo!
Y ahí me encontraba yo, delante de su portal. Cogí el móvil y le escribí: “Ya estoy aquí”. De repente se abrió la puerta y cogí el ascensor. Informé a Sara que ya me encontraba casi en casa de A y que hablaríamos cuando me fuera.
Llegué al cuarto piso. La puerta, tal y como me había dicho, estaba ajustada de tal forma que sólo tuve que empujar un poco para abrirla. La luz era tenue y como hilo musical sonaba una especie de rock (no estaba mal para la ocasión).
Dejé el bolso en la mesa. Estaba tan nerviosa que empecé a desabrocharme los zapatos de forma descoordinada. Mi respiración se aceleraba y entrecortaba a la vez… aunque sonaba la música (y fuerte) yo no oía nada. Silencio.
Me saqué los pantalones y a continuación fui desabrochando uno a uno los botones de mi camisa. Aunque todo esto sucedió en un minuto, siento que puedo desgranar cada milisegundo de ese instante. Me quedé en camiseta interior y culotte. Descalza, y de puntillas, como si el suelo estuviera cubierto de brasas me acerqué a su habitación. No tiene puerta, pues la vivienda es tipo loft y la única separación que había con el comedor era una cortina (muy bonita, por cierto).
Asomé la cabeza por la tela y allí estaba él: desnudo encima de la cama, masturbándose. Me acerqué y besé su cuello y su boca (era el primer beso… bizarro ¿no?). Sin mediar palabra, cogió mi mano y la colocó de tal forma que pudiera masturbarle. Cerró los ojos y gimió. Sin dejar de mover mi mano, mi lengua empezó a recorrer su cara, su cuello, su pecho, su estómago, el pubis…las ingles…arqueó su cuerpo y soltó un: ¡Joder!

Para procesarlo me retiro

By ElDePapel

Se dará alguna situación que me disparará alguna alarma. Algo que habrás dicho o hecho, algo que habrás posteado, algún comentario que le habrás escrito a alguien, un juego teóricamente inocente, un atisbo de flirteo, un deseo que habré sentido en ti, algo que querrás hacer con alguien o a alguien… En ese momento será cuando mi parte más emocional se revolucionará, querrá gritar, estallar. Me asaltarán los miedos y aflorarán mis inseguridades arraigadas en mi más oscura profundidad que desencadenarán esos malditos celos que corroen que asfixian apretando aquí en el pecho y me pondrán en guardia. El dolor despertará mecanismos de defensa, aparecerá el rencor, la indignación y me sentiré ofendido y víctima de tu egoísmo.

Eso será así, eso será lo que pasará en mí. Lo sé porque me conozco y a lo largo de mis experiencias he tenido que desarrollar un mecanismo de contención para evitar consecuencias catastróficas. Intento evitar caer en la tentación de recriminarte tus acciones, tus deseos o lo que sea que hayas dicho porque sé que después, cuando lo haya procesado, cuando me dé cuenta de que el problema es mío porque ha nacido en mí, de mí y por mí, me arrepentiré de mis reproches. Porque este sentimiento no es fruto de ti sino de mí y este fruto ha nacido podrido.

Para evitar sucumbir a esas emociones arrasando con todo, me retiraré. A lo sumo te comunicaré que estoy en un “momento microondas”* para que entiendas por qué, durante un tiempo, me verás ensimismado, seguramente más serio, menos hablador o divertido de lo habitual. Te lo haré saber para que no te extrañe si de repente te pido que me recuerdes que me amas; o te pido que me refuerces alguna de mis fortalezas para contrarrestar alguna de mis inseguridades; o te pido cuidados para ayudarme en este proceso arduo y doloroso pero necesario. Pero por encima de todo, nunca te lo contaré para que modifiques tu comportamiento, dejes de hacer algo o me ocultes algo que creas que me haría daño. Sólo te pediré que me acompañes, que estés ahí. No te pediré explicaciones ni justificación alguna, sólo amor.

No será hasta que haga el “ting”*, cuando el adulto razonable haya convencido al niño asustado de que no tiene nada que temer y que no hay monstruos debajo de la cama, que te contaré mi gran proeza con orgullo. Puede que te dé más o menos detalles. Quizá omitiré algo por vergüenza de confesar la tontería que me dio miedo; o quizá te lo contaré todo para que veas lo mucho que significas para mí, tanto como para que tiemble todo mi mundo cuando asoma el miedo a perderte, a no ser suficiente para ti o perder tu admiración. Sé que no debería ser, pero siento que tú me das significado y si dejaras de apreciarme, desaparecería.
Por eso, para procesarlo, me retiro. Pero no me alejo, cojo carrerilla para saltar y caer más cerca de ti.

Visitamos… El Jardín del Edén (II)

A ver cómo os explico los 900m2 que tiene este pedazo de local…:
En la planta de arriba tal y como comentaba, está el bar y la discoteca. El sitio está decorado con gusto y da la sensación de estar en una discoteca normal y corriente. Lo único que la gente lleva cierto tipo de vestuario o en algún momento puedes ver ciertas escenas que no verías en otro lado. El escritor fue el primero en encargarse de enseñarme que en estos locales se permite tener sexo en cualquier lado. Y cualquier lado es cualquier lado…

Después de desvestirnos y quedarnos con lo que consideramos (yo a petición del escritor me quedé en braguitas, collar y tacones. Con el pecho totalmente al descubierto), subimos al bar a pedir bebida. Al poco rato no dudó en levantarse el Kilt, -vaya cosa más práctica se llevó… jaja!- situarse detrás de mí y penetrarme ahí mismo, con mis manos apoyadas en la barra mientras yo le ponía cara de: no, en serio. De verdad? Ufffff, qué manera de empezar. Estaba entre nerviosa, excitada, cagada, ansiosa, excitada, excitada, excitada…
Al acabar nos fuimos a la discoteca. Es enooooorme! Hay una pista y seguido un espacio lleno de sofás tipo chester en color blanco. Dimos una vuelta por ahí, estuvimos mirando a la gente que iba llenando el local y nos paramos en un murito que separa una parte de la pista de  baile de la zona de sofás. Es un muro perverso… queda a la altura de la cadera (sí, sí. Ya sé que ya lo estáis pillando y pensando en las posibilidades, diablillos!) y encima de él cae una cortina de esas de tiras muy finas como los flecos de un vestido de charlestón.

Me paré a observar la pista desde ahí y de nuevo el escritor se situó detrás de mi… podía notar su excitación pese a la gruesa tela del kilt. Acercó su mano a su boca para coger saliva y la bajó hasta mi entrepierna para humedecerla: me pone enferma cuando hace esto, es una imagen súper morbosa porque sabes lo que viene después. Tiene una expresión en la cara de lo más excitante.
Me embistió y apoyó una de sus manos en mi espalda para hacerme apoyar encima del muro. Saqué medio cuerpo entre las cortinas dejando mi pecho al descubierto ante todos los que bailaban. Mi cara era un poema y no sabía ni para donde mirar… si a la pared de la derecha para concentrarme y sentir su miembro dentro de mi o bien buscar la mirada de alguien en la pista y hacerle partícipe de mi excitación. Miré en varias direcciones observando a la gente de la pista, sólo cuando la penetración era profunda y ruda, cerraba los ojos. Todo se volvió un poco confuso y espeso por las luces, el polvo, la música… de repente tenía a una pareja al otro lado del muro mirándome de manera muy lasciva. Yo les miré fijamente y se acercaron más a mi, empezando a tocarme el pecho y la parte superior del cuerpo que asomaba entre las cortinas. Como vieron que yo no los apartaba siguieron esta vez besándome el pecho él y ella tiro de mi pelo. Al principio me sorprendió, después entré en su juego y no me desagradó cuando lo volvió a hacer. Estaba yo muy ocupada entre la parejita y el escritor, pero decidí a los pocos minutos (creo que fueron pocos) que ya había tenido suficiente. Me retiré levemente y el brazo del escritor me rodeó para apartarme de ellos y recogerme de nuevo junto a él, totalmente ya al otro lado del muro.

Jugando (II)

By JLetras
… provocando sensaciones
… llevábamos en el grupo de amigos, el morbo a extremos, la provocación al limite de lo siguiente a descarado.
Sin guión y sin planes, adaptando cada momento al entorno y a los ajenos, a las miradas y la presencia de extraños, tanto si se trataba de utilizar como reclamo a una de ellas como a cualquiera de nosotros. Según conviniese y cual fuera el “ambiente” en el que nos mivieramos.
Se convertía la perversión del morbo en un juego tácito.
Las conductas homosexuales, el comernos la boca los chicos o los besos lésbicos, las caricias indiscriminadas sin tener en cuenta el género, caricias más allá de la ropa cuando era oportuno, incluso la exhibición exagerada de la desnudez, sin emparejamientos determinados, como si de swingers nos tratásemos.
Inevitablemente el morbo provocaba la excitación y los actos. Porque si cierras los ojos, no sabes quien tiene tu pene en la mano o en la boca, o una mano dentro de tus bragas tampoco tiene género.
Sin duda, lo más atractivo para provocar, eran los actos homosexuales o lésbicos, es la asignatura pendiente de la mayoría. La homosexualidad sin amaneramientos. Lo lésbico en lo femenino. Sin confusiones.
Sin ni tan siquiera entrar en la bisexualidad, sino simplemente en el placer del sexo, el morbo, la provocación.

El buzo

By trece

Eso que tienes un cliente asiduo que está tremendo pero que no te lo tiras porque es un cliente; y como el pasado me ha enseñado, a los que te ayudan a vivir no hay que follárselos porque al final, es contraproducente. Peeero, lo bueno es que el tremendo tiene amigos, que también tienen su gracia; así que un día me propone que tenga una cita con uno de sus compañeros de curro. Otro buzo.

La idea no suena mal cuando eres una soltera vividora que comparte piso con una gata. Creedme que entra como agua de Mayo.

A eso que un día el tremendo me manda un whatsapp diciendo que le ha dado mi número a su compi de curro (a quien por cierto, ni siquiera había visto en foto). Le digo que me mande una para ni que sea darle el sí o el no… y tal cual le estoy escribiendo eso me llega un mensaje de su compañero diciendo que me quiere conocer. Mi cliente el tremendo deja de contestar los mensajes y me quedo ahí, sola, en línea, con un desconocido al otro lado invitándome a cenar.

Decido echarle ovarios al asunto y fiarme de mi cliente. A tomar por culo.

Le invito a unas birras en mi casa y aparece a las 2 horas con un pack de 6. Ahí se quedaron.
Especifico que en mi casa no hay timbre, tengo que bajar a abrir y si a la persona con la que he quedado no le he visto ni en foto, se puede imaginar que hasta que no abro la puerta no la veo por primera vez. Es duro pero a la vez excitante. En resumen, chutazo de adrenalina.

Subimos directos a mi casa, voy con unos micro-shorts subiendo por las escaleras y él detrás, con la polla más dura que mi vida.

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Preliminares me los salto porque no tienen nada a destacar en esta historia.
A medio polvo me dice que quiere meter sus 22 cms (no exagero, gracias a mi cliente si algún día lee esto por ese regalito) en mi precioso culo. No solo era larga, sino que de ancha no se quedaba tampoco corta. Decido darlo todo. Ese All-In me costó 4 días con el culo como un bebedero de patos.

Una hora y media después, al acabar (duradero el cabrón…), me fumo el cigarro de después y me da por preguntarle cosas de su vida; yo que sé, en el fondo no le conozco una real mierda pero ya ha explorado mi fondo submarino. Me dice que tiene mujer y una hija de 3 meses. Casi vomito. Le eché a patadas por habérmelo ocultado. Y con el cliente tremendo también acabé teniendo una buena discusión.

En resumen, seguiré soltera muchos años gracias a tíos como estos.

Divers do it deeper.